PABLO OMAR VENEZIA…
PABLO OMAR VENEZIA…
EL “CAPANGA” DE LA ISLA.
Justo José de Urquiza – Victoriano Arenas
Junio de 1995. El documento de identidad de Pablo Omar Venezia lo registra que nació el 23 de octubre de 1968, en Lanús, provincia de Buenos Aires… pero sabe que no lo creo. Estoy casi convencido que lo hizo en Molinedo y Humaitá… antes, se decía Humaitá y Entre Ríos… en Valentín Alsina. Sí, nació en la cancha misma del CAVA. Es que no tengo otro registro, aunque en AFA figure que se inició en Los Andes. No, no debe ser así. El “Capanga” de la isla seguirá siempre presente en esa extraña geografía de Avellaneda, con un acceso de una película de Narciso Ibáñez Menta… dirigente, técnico, preparador físico, jugó hasta los 36 años en todos los puestos, sí, hasta de arquero, y siempre bien, siempre símbolo, siempre “Capanga”… recuerdo una visión cercana, a principios del 2005, en cancha de Ferrocarril Urquiza, cuando finalizado un caliente partido contra Central Ballester, se le plantó a un dirigente allegado del equipo adversario y casi por interminables 5 minutos se “boxearon” como si fuera en un gigantesco ring side, ante la mirada atónita de un centenar de hinchas de ambos equipos… y cuando el “Capanga” lo tenía al grandote, como dos hombres de códigos, se miraron, bajaron los brazos, y ahí terminó la contienda, como dos verdaderos hombres.
Pero no deseo de ninguna manera que les quede esa imagen… quiero resaltar la del futbolista y la del amor hacia un camiseta, hacia un barrio, un club, donde todos son amigos y se conocen desde que nacieron… crecieron todos juntos y algún seguirán juntos en el cielo, como una hermandad, la hermandad de la isla. Como jugador, reitero, lo hizo en todos los puestos y se adaptó perfectamente a la función que ése sector del campo le exigía. Y si hasta en los dos últimos años de su carrera vistiendo los cortos anotó varios goles, producto de su experiencia, ubicuidad y excelente estado físico… volviendo a la tarde del combate en Villa Lynch, me acuerdo que le dije porqué no seguía, al igual que a su amigo Hernán San Martín, y ambos me contestaron que estaban viejos. No. Creí, personalmente, que todavía podíamos disfrutarlos un par de años más, pero la decisión, como en todos los órdenes de la vida, la tiene uno. O el otro, en todo caso.
Una noche, busqué infructuosamente en 5.000 recortes, una producción especial sobre los clubes mas humildes, confeccionada cabalmente por el diario CLARIN, tomando como referencia un día de entrenamiento en la semana, una muy fría tarde de invierno… el técnico era Juan Mario Testone y graficaba lo que era el interior de un precario vestuario, cuando los jugadores extenuados después de sus trabajos habituales y la práctica, a veces no había agua caliente para el baño reparador, mientras circulaba la ronda de mate amargo y con un par de estufas de cuarzo, conseguidas hacía poco tiempo, trataban de entibiar el gélido reducto… todo un símbolo de cualquier club de la “D”.
Alguien, en alguna nota, lo bautizó prócer y la verdad es que me ganó de mano con la calificación, pero, su cofradía lo apodó “Capanga” y por algo será. Y está bien.
Lo ví muchas veces figura y rememoro una tarde en cancha de Estudiantes, en Caseros, donde de visita su equipo logró un valioso empate ante Justo José de Urquiza. Con el arbitraje de Juan Carlos Moreno, el conjunto que hizo las veces de local formó con Bianchi; Ramos, Baigorria, Domínguez y Ravello; Lugo (75’ Hernán Izquierdo), Cabral (Expulsado a los ’80) y Valdez; Ovelar, Antonio Saucedo y Walter Gómez (81’ George Soto Reveco), dirigidos por Ricardo Enrique Armando Dellavecchia, quedando en el banco Flores, De La Rosa y Testa. Por Victoriano Arenas salieron Daniel Rodríguez; Capelli, Hernán San Martín, el histórico Leiva y Cassinerio; Meana, Gustavo Cisneros (Expulsado a los 58’) y Martín Pezzano (47’ Morán); Pablo Omar Venezia, Avila (64’ Guillermo Rodríguez) y Castro, orientados por Héctor Zerrillo, mientras que no ingresaron Montillo, Vallejos y Lombardo.
Por ahora, me resulta imposible no verlo ingresar al campo de juego con los cortos y la cinta de capitán… por una cuestión biológica, tendré la esperanza que hasta que no llegue a los 40, el “Capanga” se ponga nuevamente la camiseta del CAVA. Total, con soñar no cuesta nada y más de una vez, se cumplió.
Reportó: Daniel Console




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