FIEL A SU TRADICIÓN
Escribe MIGUEL ÁNGEL GIORDANO
No podía ser de otra manera.
Lo contrario, habría sido romper con todas las estructuras y habría sorprendido a propios y extraños.
Salió el fallo de la AFA (por la mala inclusión de jugadores), que benefició a quienes habían sido perjudicados en su momento y castigó al club que cometió el error.
Pero, en todo este bolonqui, también fue perjudicado otro equipo que no tenía nada que ver en el asunto y ahora, va a tener que pelarse el culo para mantener su posición y quedar en dentro del plantel de equipos que disputarán el estúpido sistema del Torneo Reducido.
¡Síííí! Adivinó.
Es el Club Atlético Atlas qué, como un designio bien marcado y coherente hasta el más mínimo detalle, va a tener que luchar como aquél Titán de la mitología contra los Hecatónquiros, esos gigantes de cien brazos y cincuenta cabezas qué, al final, terminan derrotándolo. Como a nosotros ¿vio?
Y esto no es un lloriqueo. Es una realidad.
Pasamos de ser uno de los equipos mejores vistos por todos los técnicos de la divisional y temido por casi todos sus rivales, con una delantera intratable y una defensa imbatible, a tener que estar contando los puntitos para ver si podemos ingresar al Reducido.
Entre medio de éste largo campeonato, sufrimos los avatares del cambio de técnico en el momento menos preciso, las idas y venidas de nuestro goleador histórico Wilson Severino, el alejamiento inesperado (o no) de otro goleador como Leguisa, los malos arbitrajes (lo sufren todos los equipos) que parecen ensañarse aún más con nosotros, en un efímero intento de tener un minuto de gloria en Fox Sports; la lluvia que inundó nuestro estadio en tres oportunidades suspendiendo los partidos de los sábados para tener que jugarlo entre semana con escaso público y, lógicamente, casi nula recaudación, esa lluvia que nos persiguió con una seguidilla de diez partidos jugándolo en medio de temporales y/o canchas pesadísimas, perjudicando el juego de nuestro equipo menos barrero que otros; los inacabables robos perpetrados dentro del club, la desidia de la policía que permitió que nos caguen a palos en la cancha de Cañuelas y que permitió que en nuestra propia cancha nos invadan los hinchas de algunos clubes disfrazados de dirigentes y que tuvimos que soportar que alienten y puteen como si estuviesen en su estadio; o las requisitorias de las autoridades que nos rompen las pelotas porque hay un vidrio roto y que, por otro lado, siguen impidiendo que los visitantes puedan asistir a los partidos, perjudicando sustancialmente a todas las instituciones que ya no sabemos qué hacer para mantenerlas en pie.
Y encima, vamos a tener que ir a buscar los tres puntos que necesitamos, a la cancha de San Martín de Burzaco, que todavía están con la sangre en el ojo contra Atlas por los hechos relacionados con Severino.
Sé que hay personas que quieren, que desean que el Club Atlético Atlas siga siendo “el último de los últimos”. Pero también, hay muchos hinchas como yo, que deseamos que nuestra institución crezca y seguimos adelante a pesar de todas las contrariedades y luchamos para derrotar a esos gigantes cabrunos denominados Hecatónquiros.
La mitología es solo eso: un MITO.
Atlas, “El Puma del Oeste”, es algo real y desea romper con esa tradición nefasta que intenta mantenernos sumergidos.
No sé si será ahora, pero estoy convencido qué, a mediano plazo, nuestro amado “Marrón”, va a estar en un mejor lugar y feliz de haber quebrado a esas tradiciones mitológicas que nos mantienen atados y nos impide crecer.
No podía ser de otra manera.
Lo contrario, habría sido romper con todas las estructuras y habría sorprendido a propios y extraños.
Salió el fallo de la AFA (por la mala inclusión de jugadores), que benefició a quienes habían sido perjudicados en su momento y castigó al club que cometió el error.
Pero, en todo este bolonqui, también fue perjudicado otro equipo que no tenía nada que ver en el asunto y ahora, va a tener que pelarse el culo para mantener su posición y quedar en dentro del plantel de equipos que disputarán el estúpido sistema del Torneo Reducido.
¡Síííí! Adivinó.
Es el Club Atlético Atlas qué, como un designio bien marcado y coherente hasta el más mínimo detalle, va a tener que luchar como aquél Titán de la mitología contra los Hecatónquiros, esos gigantes de cien brazos y cincuenta cabezas qué, al final, terminan derrotándolo. Como a nosotros ¿vio?
Y esto no es un lloriqueo. Es una realidad.
Pasamos de ser uno de los equipos mejores vistos por todos los técnicos de la divisional y temido por casi todos sus rivales, con una delantera intratable y una defensa imbatible, a tener que estar contando los puntitos para ver si podemos ingresar al Reducido.
Entre medio de éste largo campeonato, sufrimos los avatares del cambio de técnico en el momento menos preciso, las idas y venidas de nuestro goleador histórico Wilson Severino, el alejamiento inesperado (o no) de otro goleador como Leguisa, los malos arbitrajes (lo sufren todos los equipos) que parecen ensañarse aún más con nosotros, en un efímero intento de tener un minuto de gloria en Fox Sports; la lluvia que inundó nuestro estadio en tres oportunidades suspendiendo los partidos de los sábados para tener que jugarlo entre semana con escaso público y, lógicamente, casi nula recaudación, esa lluvia que nos persiguió con una seguidilla de diez partidos jugándolo en medio de temporales y/o canchas pesadísimas, perjudicando el juego de nuestro equipo menos barrero que otros; los inacabables robos perpetrados dentro del club, la desidia de la policía que permitió que nos caguen a palos en la cancha de Cañuelas y que permitió que en nuestra propia cancha nos invadan los hinchas de algunos clubes disfrazados de dirigentes y que tuvimos que soportar que alienten y puteen como si estuviesen en su estadio; o las requisitorias de las autoridades que nos rompen las pelotas porque hay un vidrio roto y que, por otro lado, siguen impidiendo que los visitantes puedan asistir a los partidos, perjudicando sustancialmente a todas las instituciones que ya no sabemos qué hacer para mantenerlas en pie.
Y encima, vamos a tener que ir a buscar los tres puntos que necesitamos, a la cancha de San Martín de Burzaco, que todavía están con la sangre en el ojo contra Atlas por los hechos relacionados con Severino.
Sé que hay personas que quieren, que desean que el Club Atlético Atlas siga siendo “el último de los últimos”. Pero también, hay muchos hinchas como yo, que deseamos que nuestra institución crezca y seguimos adelante a pesar de todas las contrariedades y luchamos para derrotar a esos gigantes cabrunos denominados Hecatónquiros.
La mitología es solo eso: un MITO.
Atlas, “El Puma del Oeste”, es algo real y desea romper con esa tradición nefasta que intenta mantenernos sumergidos.
No sé si será ahora, pero estoy convencido qué, a mediano plazo, nuestro amado “Marrón”, va a estar en un mejor lugar y feliz de haber quebrado a esas tradiciones mitológicas que nos mantienen atados y nos impide crecer.




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