domingo 20 de diciembre de 2009

HUGO AMAOLO ES PARA ENTENDIDOS

El fútbol es un estilo de vida... Tierra y piedritas... El entrenamiento terminó, parado con el bolso bajo el brazo uno se detiene un momento y se queda mirando la cancha. Tierra, piedritas, pasto, el lugar donde jugamos.
Esa tierra y esas piedritas donde alguna vez nos caímos y nos raspamos las rodillas, las caderas, los codos, las manos...
Esa tierra y esas piedritas que nos quedaban adentro del botín y nos molestaba durante el partido...
La tierra que hizo que ensuciemos toda la casa y escuchar a mamá decir, sacate los botines y las medias afuera y vas directo a la ducha...
¿Qué es lo que nos da la fuerza cada año para arrancar un campeonato?
Los domingos me gusta dormir te dicen todos...
Es mejor el fútbol 5 te dicen tus amigos...
No estamos nunca juntos te dice tu novia...
Pensá en estudiar y trabajar te dicen tus parientes...
Pensás por dentro y sonreís... Qué saben ellos de qué cosa significa el fútbol para vos...

Qué saben ellos de la tensión y los nervios que no te dejan dormir un día antes del partido...
Qué saben ellos de los partidos que jugaste lesionado o enfermo...
Qué saben ellos de lo que sentís cuando hacés un gol y tus compañeros te abrazan desesperadamente...
Qué saben ellos de las patadas y del dolor que provocan...
Qué saben ellos de lo que es llegar tarde con todo el equipo en el vestuario y el técnico dando la charla...
Qué saben ellos de la fuerza que te da una palmada en la espalda de un compañero cuando terminaste el trabajo físico...
Qué saben ellos de lo profundo que respiras cuando el técnico está dando la citación...
Qué saben ellos de la impotencia que se siente cuando estás sentado en el banco de suplentes...
Qué saben ellos de lo que es ganar o perder un partido a 5 minutos del final...
Qué saben ellos de lo que estás pensando mientras elongás 10 minutos antes del partido...
Qué saben ellos de lo que es estar entrando en calor el segundo tiempo esperando que en algún momento el técnico te llame para hacerte entrar...
Qué saben ellos el dolor que se siente después de un foul...
Qué saben ellos de lo que se siente cuando hace un gol el jugador que tenés que marcar...
Qué saben ellos de los codazos que recibís, de las patadas que das y de las veces que nos levantamos una y otra vez...
Qué saben ellos de lo que es dar la última vuelta y llegar casi muerto que no podés ni siquiera escupir, pero sabés que lo hiciste...
Qué saben ellos lo que sentís cuando miras el partido de la tribuna...
Qué saben ellos lo feo que es estar parado por una lesión...
Qué saben ellos de las duchas de agua fría que te diste...
Qué saben ellos de lo bien que se siente tirarte al piso en una cancha llena de agua...
Qué saben ellos cómo es cagarse de calor en Febrero haciendo la pretemporada mientras que tus amigos están de vacaciones y viven de joda...
Qué saben ellos lo que se siente cuando van todos a bailar y vos te morís por ir pero te tenés que acostar temprano para jugar al otro día...
Qué saben ellos lo que es perderte un 15 y acostarte tempranito para después ir a jugar?
Qué saben ellos lo que es llegar y darte cuenta que te olvidaste el documento...
Qué saben ellos lo que es jugar el clásico, la semana anterior, la noche anterior, los minutos antes, perderlo, ganarlo...
Qué saben ellos lo que es ir al entrenamiento con la comida en la boca?
Qué saben ellos lo que es reunirte todos los días, con las personas que marcan tu vida, tus amigos...
Qué saben ellos de lo que amás este deporte...
Qué saben ellos lo que es perderse un viaje de egresados por el futbol...
Qué saben ellos lo que es que llegue fin de año y que dejen libre injustamente a un amigo...
Qué saben ellos lo que es ir a entrenar de lunes a viernes, y que llegue el Sábado y no estar citado...
Qué saben ellos lo que es ir a entrenar un Sábado sin ser citado...
Qué saben ellos lo que es perder una final...
Que saben ellos lo que se siente al errar un penal...
Qué saben ellos lo que es salir campeón..
Qué saben ellos de la emoción, piel de gallina, el sentimiento que siente cada uno de nosotros, cuando leemos esta nota...
Tierra, piedritas, pasto, 10 personas con vos, 11 del otro lado, una pelota, y un silbato largo y seco...
Esta es nuestra vida, qué saben ellos...
"Mucha gente dice que el fútbol no tiene nada que ver con la vida, no se cuánto saben de la vida, pero de fútbol no saben nada..."

sábado 19 de diciembre de 2009

HUGO AMAOLO ES PARA ENTENDIDOS

SOBRE LIDERES Y SEGUIDORES
Por Marcelo Roffé, Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina. Autor de cinco libros de esta especialidad
El análisis del liderazgo en el equipo tiene muchas aristas. Cualquier entrenador puede juntar buenos jugadores. Lo difícil es hacerlos jugar en equipo. Esa es la clave, que impere en el equipo un sentimiento del nosotros por encima del yo. Esa variable la vamos a definir como cohesión grupal.
Concepto que fluctúa con la vivencia de la competencia y con los resultados,
pero que hace que todos estén muy unidos en la búsqueda del objetivo más allá de todos y de todo. Empecemos por definir qué es un líder: el líder es el que tiene seguidores.
Según Peter Drucker, liderazgo no es rango, status, privilegios sino responsabilidad. No hay que quererlo, hay que seguirlo. El que maneja el barco, el conductor, es el entrenador.
Hoy en inferioridad de autoridad respecto de los ídolos y referentes de los clubes, que pueden imponer y condicionar a todos. Y con menos poder que los dirigentes que salen airosos. Ser entrenador hoy de un plantel de fútbol de elite es muy desgastante y puede conducir a un estrés crónico y/o un síndrome del burn out.
Según Mourinho, el entrenador no tiene que enamorarse de sus
jugadores sino mantener un vínculo manager-dirigido. Hay puestos en el fútbol que son más
narcisistas: el uno, el diez y el nueve. Tiene que ver con el rol que desarrollan. El arquero es el
puesto más individual dentro de un deporte de equipo. El nueve es el que define los partidos.
Uno evita los goles y otro los hace. Pero detrás debe haber un equipo. Y el número diez
aunque esté en extinción, es el que arma el juego. El distinto. El talentoso. Y hay muy pocos
futbolistas con esas características. Boca lo tiene y le ha dado grandes satisfacciones. José
Pekerman alguna vez declaró que en Brasil lo llamarían Riquelminho, dándole una valoración
que aquí a veces le es esquiva, porque está muy identificado con Boca, por su estilo de juego y
porque tiene una relación peculiar con el periodismo. Pero si bien nadie discute que Román es
un líder futbolístico, lo que se discute en estos días es si es un líder afectivo. ¿Cómo se dirime
esta cuestión? ¿Cómo se elige un capitán? ¿Cualquiera es capitán? Desde Chappius y
Thomas, pasando por otros autores, el enfoque de la psicología deportiva nos enseña que no
cualquiera es capitán. Debe tener voz y voto dentro de la cancha, ser un referente futbolístico,
pero también querido por el grupo. Siguiendo a Levy Moreno, el sociograma debería arrojar que
el capitán es aquel que sale en los tres primeros lugares de ambas columnas, la técnica y la
afectiva.No alcanza sólo con jugar bien. Ni alcanza sólo con ser querido. Hay que tener algo
más. Mis quince años trabajando en fútbol, me enseñan que a veces no se le da a este rol la
importancia que tiene que tener. Un capitán debe ser modelo, estar identificado con el
entrenador, poseer más deberes y obligaciones que cualquier jugador, debe ser empático, esto
es como dice Daniel Goleman, saber que siente y piensa su compañero sin preguntárselo. Y
debe ser mediador entre los jugadores y el entrenador. Pero a su vez el entrenador debe
descansar en él durante la competencia. En las situaciones más difíciles se espera que el
capitán tenga la actuación más sobresaliente, que logre controlar no solo sus emociones sino la
del resto de los deportistas. Un buen capitán debe evitar los conflictos (menos generarlos) y
como buen líder debe estar al servicio del entrenador, del equipo, de lo que precisan sus
compañeros. En un trabajo realizado en un equipo del exterior, el capitán heredado sólo
pensaba en él, peleaba por sus premios económicos, etc. No era bien visto y era lógico. Pero
como se dice últimamente, faltan caudillos. A la mayoría de los entrenadores y dirigentes les
conviene que los futbolistas sean sumisos, piensen poco y acaten. Ser capitán es ser modelo
aunque no quiera y es tener más responsabilidad que privilegios. Es un rol de mucha exigencia,
que algunos evitan.Sin embargo en todo equipo hay líderes positivos y líderes negativos. Está
el que piensa en ayudar al entrenador a alcanzar el objetivo planteado y está el que consciente
o inconscientemente sabotea, boicotea. En todo grupo , siguiendo a Weinberg y Gould, hay
conflicto. Más aún si equiparamos a ciertos futbolistas con estrellas de rock. El conflicto es
necesario y a veces sirve para despertar de relajaciones o de cierta comodidad. El desafío es
transformar esa amenaza en oportunidad. Crisis en italiano quiere decir crecimiento. El mayor
problema, en este caso, es que tomó estado público. De eso es probable que no se vuelva.
Carlos Bianchi con el Prof. Santella tenían un decálogo de convivencia en el Vélez y Boca
supercampeones. El punto 4 es aleccionador “Las diferencias grupales deberán ser
comentadas en la intimidad del plantel. Hablar de ellas con el periodismo constituye una falta
grave. El que lo hace se va”(Publicado por el Dr. Jorge Da Silveira).Más claro, échale agua.

martes 15 de diciembre de 2009

¡VIVA EL REY!

¡VIVA EL REY!
Escribe MIGUEL ÁNGEL GIORDANO
¿Sera verdad? Wilson Severino no está más en Atlas.
¡Nooo, no puede ser cierto que el Rey se aleje del “Santuario Ricardo Puga”.
Debe ser un error. Seguro que debe ser un error.
O tal vez no lo sea y solo fue un sueño y, en verdad, Severino no existe y todo fue producto de mi imaginación. O de una truca del programa de La Otra Pasión.
Sin embargo yo estuve cerca de él, lo toqué, lo abracé, lo besé y nos reímos juntos. Incluso, estaba escribiendo un libro sobre él. Su libro, su biografía.
Si tengo guardadas como mil fotos que iba a poner en el libro.
Y hasta el título tengo: “Wilson Severino, La Pantera Negra”
Y hasta le puse el sobrenombre (como hago siempre con los jugadores de Atlas):
La Pantera Negra (Neofelis nebulosa insoportabilis en lasareas).
Entonces: ¿es un error?, ¿es un sueño?, ¿o es mi imaginación?
¿Será posible que tenga semejante imaginación? ¿Cómo puedo llegar a imaginar todo lo que creo haber visto y vivido a lo largo de cuatro años?
En mi fantasía lo veo al “Negro” Wilson cuando llegó a Atlas. Con su cara flacucha y con timidez, miraba en silencio todo lo que lo rodeaba.
Javier (el anterior camarógrafo de La Otra Pasión) lo seguía y le hacía preguntas a cada rato y Wilson balbuceaba algunas palabras y se alejaba con cara de pánico.
Con el tiempo le iba a agarrar la mano y se largaría con grandes y memorables discursos. Recuerdo que en mi imaginación, nuestra Peña le hizo un homenaje a su trayectoria y por los 60 goles que hasta ese momento había hecho con nuestra casaca “Marrón”. Esa noche, luego de entregarle la distinción, con mucha emoción, dijo cosas increíbles, maravillosas. Su disertación fue propia de un orador de estirpe. Si hasta lo tengo grabado para la posteridad. O creo que lo tengo, no sé.
Tal vez en mi fantasía creo escucharlo de vez en cuando para rememorar aquello.
O cuando no jugaba por alguna lesión o por alguna suspensión, se acercaba a la cabina de trasmisión de Radio Olivera y nos engalanaba con sus acertadísimos y claros comentarios del partido. Todo un lujo.
En mi amplia imaginación lo veo acercarse a mí después de un partido o llamarme por teléfono para preguntarme cómo había jugado, cómo lo había visto, etc. Como todo es un invento de mi fantasía, yo lo aconsejaba y le decía claramente algunas cosas para que mejore su rendimiento. Y él me escuchaba atentamente.
Pero, ¿todo eso fue cierto o no?
Ahora que recuerdo: hay una película en la que trabaja Al Pacino, que hace el papel de un director de cine medio fracasado que inventa un programa para la computadora que le permite cargar la información de lo mejor de varias mujeres y crea así, a la mujer de sus sueños. Es una mujer virtual, la mejor actriz de todos los tiempos.
Hace películas con ella, gana premios y el manipula todos los mecanismos para que nadie jamás la vea personalmente.
Todo el mundo habla de ella y nunca nadie la ha visto. Le hacen entrevistas a la distancia y conversa con los entusiastas admiradores. Todo vía internet.
Cuando las situaciones se le empiezan a complicar, Pacino -que está casado y tiene hijos-, le dice a su familia la verdad. Entonces, en una verdadera y muy ajustada confabulación, embaraza a la actriz y la lleva a vivir a su casa junto a su familia.
Y el mundo entero ve a Pacino y a su familia, sentados en un diván junto a la mejor actriz del mundo y su bebé. Pero todo es una ilusión, una fantasía virtual.
Y eso es lo que pasa con Severino. Es una imagen virtual y todos creemos ver lo que queremos ver. El no existe y todo lo que creemos haber visto, ha sido solo una ilusión.
Pero ahora, la imaginación o la fantasía hacen una nueva jugada, una vuelta de tuerca para que el público siga prendido a la pantalla.
Ahora se va Wilson de Atlas vaya uno a saber adónde. La fantasía muestra a los hinchas del “Marrón” con diversos estados de ánimo: algunos putean al técnico, otros miran incrédulos, ninguno está indiferente.
El técnico intenta dar explicaciones, pero la mayoría de los hinchas no quieren que se vaya y el dice que es lo mejor para el club. Y lo insólito (claro, es una fantasía), Severino también dice que es lo mejor para el club, pero que no se quiere ir.
O sea, todo un verdadero cambalache.
Hubo peleas pero no las hubo, hubo discusiones que fueron graves pero nunca existieron, hubo trompadas que nunca llegaron a destino, porque nunca existieron. ¿O sí? ¿O no?
Muchos no lo quieren a Wilson, pero todos dicen que es una buena persona. Es muy lindo, pero también es muy feo. Es alto, pero no tanto. El es blanco, no es negro. Su color de piel es una impresión, porque es el color de la camiseta que defendió durante tanto tiempo y que le quedó impregnada.
Tomala vos, dámela a mí…
Al Gran Bonete se le ha perdido un Negrito y dice que… ¡Atlas lo tiene!
¿Yo señor? No señor. ¿Pues entonces quién lo tiene?
San Martín de Burzaco. No señor. Sí señor.
Dock Sud lo tiene. No señor. Sí señor.
El Patrón de la Vereda lo tiene. ¿Quién yo? No señor.
Juguemos en el bosque mientras la Pantera Negra no está…
¿Pantera está?
Me estoy poniendo mi nueva camiseta…
Y ahora, ¿cómo sigue la historia?
Veamos, puedo hacer que Severino vaya a San Martín, pero como antes de llegar a Burzaco primero está Dock Sud, mejor que se quede allí. Es más cerca. O no.
Para que irse de Atlas si está cómodo a pesar de lo que se dice.
Pero sí, se tiene que ir. O no, mejor que se quede hasta fin del campeonato y después se verá. O no. O sí.
¿Y si se va a Bolivia? ¿O al Uruguay? ¿Y porque no que dejarlo aquí en Argentina y que firme para Acassuso? ¿Y si se lo ofrecemos a algún club mexicano?
Pero no se puede ir de Atlas porque el contrato vence en junio y no se le va a dar el pase. Tal vez. Quién te dice. En una de esas. Quizás. Puede ser.
El club que quiera llevarlo va a tener que poner mucha plata.
Pero, ¿se va o no se va?
Mi imaginación no da para tanto. ¿Qué hubiera hecho Al Pacino en este caso?
¿Y si me caso con el “Negro” y nos vamos a vivir en donde nadie nos moleste y él me embaraza y tenemos un hijo y él deja el fútbol para dedicarse a la familia y los manda a la mierda a todos y somos felices y comemos perdices y toda esa huevada…?
¿Y si vendemos a Wilson a un club importante que ponga muchos dólares y con esa guita hacemos la tribuna, arreglamos el club y lo traemos a Zlatan Ibrahimovic para reemplazarlo?
Y damos la noticia del fin de esta película para Navidad, como un regalito para todos los hinchas de Atlas.
¿Pero qué titulo le ponemos a ésta fantasía virtual?
Lógico: El Rey ha muerto. ¡Viva el Rey!

Y que Fabbiani se cague…

sábado 12 de diciembre de 2009

HUGO AMAOLO ENVIA EXCELENTE LECTURA


GUSTAVO GRABIA, PERIODISTA ESPECIALIZADO EN BARRAS BRAVAS: ‘PARA HABLAR DEL BARRO HAY QUE METER LOS PIES’. LA INCREÍBLE HISTORIA DE `LA DOCE´
CON FUENTES DIRECTAS EN “LA DOCE”, RETRATÓ A LA BANDA MÁS VIOLENTA DEL FÚTBOL ARGENTINO Y DENUNCIÓ LOS CONTACTOS POLÍTICOS Y POLICIALES DEL EX LÍDER RAFAEL DI ZEO. CÓMO SE CONSTRUYE UNA RELACIÓN DE CONFIANZA Y RESPETO. SU INVESTIGACIÓN SOBRE LA BARRA BRAVA DE BOCA.

Tan necesario es que los hinchas de un equipo se asocien para defenderse de las pateaduras de otros hinchas que son como escuadrones rufianescos, brigadas bandoleras, quintos malandrinos, barras que como expediciones punitivas siembran el terror en los stadiums con la artillería de sus botellas y las incesantes bombas de sus naranjazos. Esas barras son las que invaden la cancha para darle el pesto a los contrarios y en determinados barrios han llegado a constituir una mafia, algo así como una camorra, con sus instituciones, sus broncas a manos armada y las cascarillas monumentales que le dan nombre, prestigio y honra.” La cita es de Roberto Arlt.

Ochenta años después, el periodista Gustavo Grabia la usó en su último libro La Doce. La verdadera historia de la barra brava de Boca, no sólo para darle crédito de adivino al escritor, sino para ofrecerla como un precepto que guarda su genealogía en frases como “La violencia es herencia, herencia, herencia”. Legado que el ex líder de la barra brava de Boca, Rafael Di Zeo, supo formular ante el periodista del diario deportivo Olé cuando todavía gozaba de libertad e impunidad.

– ¿Por qué escribió exclusivamente sobre la barra de Boca?
– Porque un libro sobre todas las barras argentinas hubiera sido una enciclopedia. El sinónimo de las barras bravas en la historia del fútbol argentino es potestad de Boca Juniors. Cualquier mayor de cuarenta años reconoce como ícono de los barras a “El Abuelo”. Y los menores de 40 nombran a Rafael Di Zeo. No conocí ninguna otra barra que tenga los contactos políticos de “La 12”.

– ¿Cómo es tener como base de consulta y pesquisa a un barrabrava?
– Hay una clave dentro del periodismo, el trabajo diario. Más allá de las fuentes informales que uno puede tener, barras bravas y personas allegadas del entorno del fútbol, el libro tiene un trabajo muy preciso sobre las fuentes “formales”, a través de las causas judiciales en las que participaron los cabecillas de la hinchada de Boca. Ese fue el trabajo más arduo. Abriendo causas dormidas en despachos de todo el país descubrí que el abogado de José Barrita, alias El Abuelo, era el mismo que había defendido a Monzer Al Kassar.

– Cubrir el juicio a Barrita, en 1997, le permitió entrar al mundo de La 12?
– Digamos que sí. Para el juicio contacté a Héctor Ruiz Núñez, abogado y periodista especialista en temas legales para que me diera una mano, mientras yo trataba de conseguir datos de los barras sobre qué iba a pasar. Era un momento histórico para el fútbol en general, pero mucho más para la barra de Boca. Con Barrita preso se inicia una lucha de distintas fracciones para ver quién ocupaba ese espacio de liderazgo. En ese momento entro en relación con quienes empezaban a gobernar la segunda bandeja de la Bombonera. Y Rafael Di Zeo surgía como el candidato más firme para convertirse en lo que terminó siendo.

– ¿Tiene una fórmula para acercarse a ellos?
– Voy a la cancha todos los domingos. Soy de los que creen que para hablar del barro hay que meter los pies en el barro. Cuando se producen hechos de violencia en las canchas compruebo que muchos periodistas opinan como si estuvieran hablando de una tía que toma el té con amigas a la cinco de la tarde. Hablan desde la platea, mientras que los hechos ocurren en la tribuna. Aun a riesgo de tener problemas, mi lugar como periodista siempre es la popular.

– ¿Recuerda algún problema?
– En el Mundial de Francia 1998, los barras de Independiente tuvieron una pelea tremenda con unos marroquíes a los que habían querido robar algo de una feria. Yo estaba en el medio de la pelea como si fuera un barra más observando todo. Cuando la policía se los llevaba, uno me dijo: “Gustavo, nos llevan detenidos”. Como hablaba francés, fui hasta donde estaba el policía a cargo del operativo, le presenté mi acreditación de prensa y le expliqué que podía oficiar de traductor. Me subí a un camión con “Bebote”, el líder de la barra roja, y nos llevaron a una especie de minipenal. Terminaron saliendo libres de culpa y cargo, pero los marroquíes estaban afuera esperando y yo era uno más, así que tuve que pedir un auto. Pero quería hacer la nota con los barras presos en Francia, y para eso debía estar cerca de ellos. Con Bebote hoy tenemos una mala relación, por las notas que publiqué, pero fui el único periodista al que le dio un reportaje en serio y sin convenios de por medio. Voy al corazón del quilombo para reflejarlo, y ellos lo respetan.

– El libro se editó cuando Macri ya había llegado al gobierno porteño, luego de su presidencia en Boca. ¿Fue un obstáculo?
– Hubo dos períodos, uno en que iba a salir por una editorial que tenía algunos vínculos con la jefatura de gobierno porteño pero suponían que era la historia de cuatro chicos malos pegándoles a otros tantos chicos malos. Si bien mi investigación arranca con la historia de “Quique el Carnicero”, el libro habla mucho de cómo se movía la barra de Di Zeo durante la presidencia de Macri. De modo que no fue difícil conseguir otra editorial que lo publicara.

– ¿De qué forma se relaciona con Rafael Di Zeo?
– Mi primer contacto fue cuando estaba prófugo, en un lugar que obviamente no puedo revelar. Estaba rodeado de personas que yo conocía pero que no eran del grupo selecto de sus barras más fieles. Fue un momento muy tenso. La nota fue durísima; llegué a decirle que me sentía sentado frente a un delincuente. A los dos días me mandó a decir por un conocido en común que me respetaba porque yo había tenido los huevos de ir a un lugar en el que no sabía qué iba a encontrar y sin ningún tipo de chance de escapatoria. A partir de ahí construimos una relación de mutuo respeto.

– ¿Cómo se llega a estar en igualdad de condiciones con alguien considerado violento, más cuando esa charla se iba a publicar?
– Estaba preparado. Los datos sobre sus causas judiciales no le permitían salirse por la tangente. Nos encontramos varias veces y de esas historias de peleas y batallas que me contaba, yo las tenía que corroborar con otra gente de la barra, con quienes forman parte de la interna de la hinchada e inclusive, con jefes de otras hinchadas, que podían terminar contando todo lo contrario. Di Zeo es un gran encantador de serpientes. Si lo dejás hablar te vende un auto modelo ochenta diciéndote que es un cero kilómetro que sacó ayer de la agencia.

– De esos encuentros salió la frase “Tengo poder porque tengo los teléfonos del poder”...
– Alardeaba demasiado. Se jactaba de su fama y de que tenía una agenda pesada de contactos. Entonces le dije que me la mostrara para ver si era verdad lo que me decía. Me la dio en la mano y tomé nota de los teléfonos de un ministro de Gobierno, de un secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, de un fiscal y de un juez. Me fui al diario y los chequeé con algunos periodistas, nadie tenía esos teléfonos. Así que llamé al del ministro. No había contestador automático ni filtro ni nada. Me atendió directamente. Luego probé con el secretario de Seguridad y pasó lo mismo. Realmente el tipo tenía teléfonos de altísimo nivel.

– El casamiento de Di Zeo con la secretaria privada de Felipe Solá, ¿es potestad del amparo y de los vínculos aceitados con el poder político?
– La política es el sustento básico de todas las hinchadas del fútbol argentino. E indefectiblemente, la provincia de Buenos Aires era un terreno muy fértil para Di Zeo. Cuando estaba prófugo, el responsable de detenerlo había estado bailando en su fiesta de casamiento. Podemos imaginar cuántos fueron los esfuerzos reales para encontrarlo. La gente cree que el barrabrava es una persona poderosa, pero están muy lejos de ser Don Corleone. Al lado del poder de los barones del conurbano, ellos juegan en Primera B. Es cierto que los contactos de La 12 son fuertes, pero cuando Di Zeo quiso desafiar a algunos de esos barones terminó preso. Ellos tienen un poder delegado por la política y la policía porque trabajan para la política y la policía. No es un poder real.

– ¿Qué dejó afuera del libro que haya fortalecido su relación con la barra?
– En una instancia judicial previa al juicio, el fiscal solicitó que los barras quedaran presos por el riesgo de fuga. El tribunal pidió un cuarto intermedio de una hora para resolverlo, pero tardaron más de cuatro y en la calle había más de ochenta barras de Boca. Yo sabía que dos de los acusados querían fugarse ese mismo día. Cuando se me acercó uno de los capos que estaba en contacto con los acusados vía celular, le dije: “Avisales que los van a dejar en libertad hasta el fallo del juicio”.

– ¿Cómo lo sabía?
– Porque conocía un fallo de la Corte Suprema, que había sentado jurisprudencia y que les iba a posibilitar esperar el fallo en libertad. Por alguna extraña razón, al que se iba a fugar le sugirieron que se quedara para no perjudicar al resto. Finalmente, el tribunal dijo que lo indicado era que esperaran en prisión pero que había un fallo anterior, y citaron exactamente el mismo que yo les había comentado.

– ¿Alguno le agradeció?
– Hace unos días me encontré con uno de los que ahora están con libertad condicional. Me quería ahorcar por lo que había publicado, y en el medio de la discusión me dijo: “Tenés mucha información, dos días antes del juicio me dijiste que me condenaban cuando los demás me decían que mi condena iba a quedar en suspenso. Terminé preso. Tenías razón”.

– ¿Lo llamaron más barras después de la publicación del libro?
– Una persona que está muy nombrada en el libro estaba muy enojada. Así que me fui a tomar un café a media cuadra de su casa. El tipo se sorprendió cuando le dije “Voy hasta tu casa y charlamos lo que haya que charlar”. Cuando nos encontramos, le mostré las causas judiciales y le dije que si él no sabía sobre eso era porque sus abogados no se lo contaron. En el trato con ellos es clave hacerles frente, con el poder que te da la veracidad de la información. Lo insólito es que la queja de la mayoría de los barras para con el libro tiene que ver con que fulanito quedó más guapo que menganito en determinada pelea. “Eso que te dijo este es mentira, en realidad el que más se la aguantó ese día era yo”, me dijeron algunos. Pensé que iban a estar más preocupados por el sinfín de causas judiciales.

– ¿Tuvo miedo alguna vez?
– Con los barras, no. La única vez que sentí amenazas reales fue cuando publiqué una investigación acerca de los policías que habían liberado la popular de Vélez para que la barra brava de River arreglara sus internas mediante una pelea feroz. La Comisión de Deportes pidió un informe mientras que Asuntos Internos de la Policía Federal separó de sus funciones a esos policías. Lo que yo no sabía es que me había metido con el recaudador de alguien mucho más poderoso. Tuve tres días muy complicados porque, además de llamarme a cualquier hora con amenazas o canciones de la marcha fúnebre y cosas así, empezaron a conseguir datos y teléfonos de personas cercanas a mí pero que ni siquiera tenían el mismo apellido. ¿Cómo sabían a qué colegio iban mis hijos? Pasados los días y luego de hablar con las autoridades de Clarín, los llamados cesaron de inmediato.

Por Lucas Cremades

miércoles 9 de diciembre de 2009

¡ES AHORA O NUNCA!

REFLEXIÓN
Escribe Miguel Ángel Giordano
“Si de algo uno debe sentirse dueño,
no es de su cuerpo o de sus acciones,
sino de sus sueños”(MAG)

Algunas personas me lo dicen a diario y yo mismo me lo he preguntado un par de veces: ¿Por qué suelo enloquecerme con Atlas?

Allá por el año 1957, en la misma época en que empecé a jugar en los equipos infantiles de Atlas, me hice hincha de River. Sufrí los diez y ocho años de sequía, casi me desmayo cuando Peñarol nos dio vuelta el partido y perdimos la Libertadores.

El día de la Puerta 12, a 100 metros de la cancha me tuve que ir de los gases y los palazos de la montada; me corrieron varias hinchadas y en Rosario casi dejo el pellejo en una calle. Sufrí el nacimiento del mote de “Gallina” y en el 75 festejé el bicampeonato. Gocé viendo a jugadores como Amadeo (el más grande, lejos), Ramos Delgado, Matosas, Onega, Cubilla, Más, Alonso, Perfumo, Passarela, Sorín, Francescoli, Gallardo, Ortega, Salas, Saviolita y varios otros.

Jugué en la Novena junto al malogrado Danielito Labruna y en su casa, su papá, el gran Angelito, nos preparaba el café con leche antes de que vayamos a entrenar. Después, lo tomábamos de la mano a Omar y nos íbamos para el Monumental.

Cuando salimos campeones después de 18 años, con mi camioneta cargada de hinchas, encabecé la caravana de 250 coches que se pasearon frente a la Bostonera mientras que de los yotivencos nos bombardeaban a piedrazos.

Viví la gran década plagada de títulos de todos los colores con el Pelado Díaz y esos equipos increíbles que jugaban de memoria.

Más hacia acá, me banqué la grosera presencia del mersa de Aguilar y de su desprolija connivencia con los barras bravas. Y tuve que soportar que jueguen en primera tipos como Oberman, Rosales, Galmarini, Rivas…

Pero Atlas es una cosa totalmente distinta.

Y no siento por River lo que siento por Atlas. Y a los veinte años no hice por River lo que hago por Atlas a los sesenta.

Cualquiera puede ser hincha de River, o de Boca, o de Independiente…

¡Pero hay que ser hincha de Atlas! O de Yupanqui, o de Lugano.

Mi amor diferente por Atlas es porque nació a cuatro cuadras de mi casa y, como se sabe, jugué en infantiles cuando el club era amateur y luego lo hice como profesional.

Pero ¿qué tiene que ver eso con el profundo sentimiento que hoy está más loco que nunca?

Ha de ser por la época muy diferente a la actual en que me tocó vivir. Ha de ser porque los códigos (como se dice), eran diferentes y los sentimientos por aquellas cosas que nos nutrieron cuando éramos chicos nos marcaron a fuego y hoy afloran con más furia que nunca.

Ha de ser también, que yo como muchos otros, vimos el esfuerzo con que unas pocas personas hacían el club, o del sentimiento que poníamos al defender el color marrón de nuestra camiseta.

¿Cómo no enojarme cuando un impresentable árbitro intenta enlodar todo aquel esfuerzo y todo el esfuerzo que ponen los hombres que hoy conducen a la institución?

¿Cómo no gritar cuando un policía inexperto intenta echarnos de nuestro club con pretextos infantiles?

¿Cómo detener mis pulsaciones, cuando veo las bajezas que se cometen contra los pequeños clubes como el nuestro, que impiden que podamos crecer?

Uno ha vivido, visto y oído muchas cosas y se rebela ante el avasallamiento, ante la injusticia y ante el caos.

No debo permitirlo. No hay que permitirlo.

La sangre que corre por mis venas, es la misma que corría cuando vestía la camisa Marrón con el escudo del Titán en mi pecho y dejaba mis entrañas en cada pelota que jugaba.

Y en aquellos tiempos, no teníamos nada de lo que hoy –afortunadamente-, tienen los jugadores y no solo no cobrábamos un mango, sino que había que poner plata para la nafta del coche de Puga para ir al partido, o nos llevábamos la camiseta, el pantaloncito y las medias a nuestras casas para lavarlos, porque no había plata para pagar a alguien que lo hiciera.

O hacíamos kermeses y rifas y mangueábamos a todo el mundo, para poder comprar el terreno en donde hoy tenemos el estadio.

Entonces, cuando alguien me vea un tanto desaforado, un tanto loco y puteando, entienda porqué lo hago.

No digo que esté del todo bien, pero tampoco está del todo mal.

Además, nunca me gustó que manoseen mi trasero ni me mojen la oreja. Eso se lo dejo para los complacientes y los que agachan la cabeza.

Y puedo asegurar, que ni yo ni Atlas, jamás nos doblegaremos ante nada.

Salute.
Por un ATLAS más grande y en la “C”.

Apoyemos todos a nuestro club y a nuestro equipo.

¡ES AHORA O NUNCA!

GORDITO FLATULENTO,

EN ATLAS NO TE QUEREMOS
Escribe MIGUEL ÁNGEL GIORDANO
"Con este nivel no puedo jugar ni en Atlas", reconoció en radio La Red el “Ogro” Fabbiani con su habitual ocurrencia y la remató con una mejor todavía: "No creo que sea caro. En este momento ofrecen una Coca y en Rumania me regalan".
Te aclaro Gordo Lechón, que yo soy de River.
Llegaste como la gran salvación y en el tiempo que estuviste en el club, fuiste la burla de todo el mundo y avergonzaste a la institución más grande y jerarquizada de Argentina.
Ahora, cuando te estás yendo de River, entre gallos y medianoche, escondido de los hinchas y con todo el fracaso y la humillación encima, tiras una de tus “habituales ocurrencias”:
"Con este nivel no puedo jugar ni en Atlas".
Estás equivocado Gordito Flatulento. En Atlas no te queremos ni a 10 Km del “Santuario Ricardo Puga”.
¿O te referías al Atlas de México?
Por si no lo sabes, te digo que en “El Marrón” juega un morochito con cara de buenazo llamado Wilson Severino y que el sí, es hincha de River y que si hubiera tenido la misma oportunidad que vos, no hubiera fracasado y se estarían peleando en Europa por llevárselo.
Wilson lleva 69 goles en los dos años que juega en Atlas y vos solo hiciste tres goles en tu efímera carrera en el Millonario.
Y esos 69 goles fueron hechos contra defensas que te cagan a patadas, te hacen piquetes de ojos y te cortan la cara a navajazos. Ah…, y el “Negro” cobra 2 con 50.
Gordito Paposo, la próxima vez que quieras decir otra de tus “habituales ocurrencias”, pensá (si podes) algo más elaborado, porque no ofendiste a Atlas ni a cualquier otro club de la “D” con tus palabras.
Te ofendiste a vos mismo cuando hablaste (como siempre) sin saber a quién te referías. Porque vos sos una ofensa en sí mismo. Es más, sos una ofensa para el fútbol argentino.
Andate y no vuelvas más y, si sabes cómo se usa una computadora, seguí la campaña de Atlas por internet y gozá de los goles que hace Severino a ver si aprendes un poco, chabón.

GRACIAS HUGO AMAOLO: ENVÍA ESTE ARTÍCULO

Ser o no ser...Campeòn.
Por Ricardo Scazzino
Hace unos dias desde el Canal TyC Sports, se emtìa un programa especial dedicado a la Comision de Actvidades Infantiles. En ese espacio--que se viò en toda Sudamèrica--hubo invitados que dieron su visiòn sobre la CAI y su participaciòn en los distintos estamentos del fùtbol; es decir, local, regional, nacional e internacional.
Expusieron directivos, jugadores, orientadores tàcticos, periodistas, funcionarios del estado y simpatizantes.
Todos dieron su opiniòn sobre el proyecto, la captaciòn de jugadores, la organizaciòn y la esperanza de ver alguna vez al equipo patagònico mezclado entre los grandes.
Carlos Peralta, màximo dirigente dijo claramente "Claro que soñamos con ascender, con jugar Copa Libertadores, pero es un tema largo y hay qye ir paso a paso" palabras mas, palabras menos.
Lo que resultò asombroso fueron las declaraciones de Victor Doria, responsable de la coordnaciòn de categorias formativas, del reclutamiento de juveniles; Tècnico con el bolso armado siempre, listo a asumir cuando al DT de turno las cosas no le salen bien.
Doria dijo sin atenuantes "No necesitamos salir Campeones. Me reconforta que la gente reconozca que nuestros jugadores intentan jugar buen fùtbol".
Que pasa con los escasìsimos concurrentes al Estadio Municipal cuando CAI juega de local al enterarse de estas dclaraciones.
Que decisiòn toma un jugador adulto que es invitado a sumarse a la CAI para integrar el plantel de la B Nacional, al saber que por estos lados no se "necesita" campeonar.
Que se supone contestaran los sponsors cuando saben que el equipo no "necesita" ser protagonista, estar en los primeros lugares, que sea televisado, que se vea reflejado la inversiòn publicitaria en todo el pais.
Se sabe que la TV muestra en la pantalla a los que habitan lo alto de la tabla de posiciones.
Los pies en la tierra de la administraciòn milimètrica de la CAI no son contrapuestos con los que andan por las nubes, sin hacer pie, pero soñando con ser campeòn.
Se puede soñar pero tambièn no perder el objetivo.
La pasiòn ordenada da sus resultados.
Aspirar a campeonar no significa hipotecar la Mutual.
No es obligaciòn gastar mas de lo que se tiene.
Una forma de complicidad con el hincha, con el amante del fùtbol de estas lejanas tierras que solo ve a los clubes grandes por la TV, es permitirse soñar como el propio Peralata lo hace.
A la larga la gente festeja tìtulos, no balances que den superàvit.

martes 8 de diciembre de 2009

HUGO AMAOLO ENVIA SIEMPRE BUENO

SOBRE LIDERES Y SEGUIDORES

Por Marcelo Roffé, Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina. Autor de cinco libros de esta especialidad

El análisis del liderazgo en el equipo tiene muchas aristas. Cualquier entrenador puede juntar buenos jugadores. Lo difícil es hacerlos jugar en equipo. Esa es la clave, que impere en el equipo un sentimiento del nosotros por encima del yo. Esa variable la vamos a definir como cohesión grupal.

Concepto que fluctúa con la vivencia de la competencia y con los resultados,

pero que hace que todos estén muy unidos en la búsqueda del objetivo más allá de todos y de todo. Empecemos por definir qué es un líder: el líder es el que tiene seguidores.

Según Peter Drucker, liderazgo no es rango, status, privilegios sino responsabilidad. No hay que quererlo, hay que seguirlo. El que maneja el barco, el conductor, es el entrenador.

Hoy en inferioridad de autoridad respecto de los ídolos y referentes de los clubes, que pueden imponer y condicionar a todos. Y con menos poder que los dirigentes que salen airosos. Ser entrenador hoy de un plantel de fútbol de elite es muy desgastante y puede conducir a un estrés crónico y/o un síndrome del burn out.

Según Mourinho, el entrenador no tiene que enamorarse de sus

jugadores sino mantener un vínculo manager-dirigido. Hay puestos en el fútbol que son más

narcisistas: el uno, el diez y el nueve. Tiene que ver con el rol que desarrollan. El arquero es el

puesto más individual dentro de un deporte de equipo. El nueve es el que define los partidos.

Uno evita los goles y otro los hace. Pero detrás debe haber un equipo. Y el número diez

aunque esté en extinción, es el que arma el juego. El distinto. El talentoso. Y hay muy pocos

futbolistas con esas características. Boca lo tiene y le ha dado grandes satisfacciones. José

Pekerman alguna vez declaró que en Brasil lo llamarían Riquelminho, dándole una valoración

que aquí a veces le es esquiva, porque está muy identificado con Boca, por su estilo de juego y

porque tiene una relación peculiar con el periodismo. Pero si bien nadie discute que Román es

un líder futbolístico, lo que se discute en estos días es si es un líder afectivo. ¿Cómo se dirime

esta cuestión? ¿Cómo se elige un capitán? ¿Cualquiera es capitán? Desde Chappius y

Thomas, pasando por otros autores, el enfoque de la psicología deportiva nos enseña que no

cualquiera es capitán. Debe tener voz y voto dentro de la cancha, ser un referente futbolístico,

pero también querido por el grupo. Siguiendo a Levy Moreno, el sociograma debería arrojar que

el capitán es aquel que sale en los tres primeros lugares de ambas columnas, la técnica y la

afectiva.No alcanza sólo con jugar bien. Ni alcanza sólo con ser querido. Hay que tener algo

más. Mis quince años trabajando en fútbol, me enseñan que a veces no se le da a este rol la

importancia que tiene que tener. Un capitán debe ser modelo, estar identificado con el

entrenador, poseer más deberes y obligaciones que cualquier jugador, debe ser empático, esto

es como dice Daniel Goleman, saber que siente y piensa su compañero sin preguntárselo. Y

debe ser mediador entre los jugadores y el entrenador. Pero a su vez el entrenador debe

descansar en él durante la competencia. En las situaciones más difíciles se espera que el

capitán tenga la actuación más sobresaliente, que logre controlar no solo sus emociones sino la

del resto de los deportistas. Un buen capitán debe evitar los conflictos (menos generarlos) y

como buen líder debe estar al servicio del entrenador, del equipo, de lo que precisan sus

compañeros. En un trabajo realizado en un equipo del exterior, el capitán heredado sólo

pensaba en él, peleaba por sus premios económicos, etc. No era bien visto y era lógico. Pero

como se dice últimamente, faltan caudillos. A la mayoría de los entrenadores y dirigentes les

conviene que los futbolistas sean sumisos, piensen poco y acaten. Ser capitán es ser modelo

aunque no quiera y es tener más responsabilidad que privilegios. Es un rol de mucha exigencia,

que algunos evitan.Sin embargo en todo equipo hay líderes positivos y líderes negativos. Está

el que piensa en ayudar al entrenador a alcanzar el objetivo planteado y está el que consciente

o inconscientemente sabotea, boicotea. En todo grupo , siguiendo a Weinberg y Gould, hay

conflicto. Más aún si equiparamos a ciertos futbolistas con estrellas de rock. El conflicto es

necesario y a veces sirve para despertar de relajaciones o de cierta comodidad. El desafío es

transformar esa amenaza en oportunidad. Crisis en italiano quiere decir crecimiento. El mayor

problema, en este caso, es que tomó estado público. De eso es probable que no se vuelva.

Carlos Bianchi con el Prof. Santella tenían un decálogo de convivencia en el Vélez y Boca

supercampeones. El punto 4 es aleccionador “Las diferencias grupales deberán ser

comentadas en la intimidad del plantel. Hablar de ellas con el periodismo constituye una falta
grave. El que lo hace se va”(Publicado por el Dr. Jorge Da Silveira).Más claro, échale agua.

miércoles 2 de diciembre de 2009

HUGO AMAOLO ENVÍA ESTE ARTÍCULO

El miedo del arquero

Por Ezequiel Fernández Moores


Lara Enke había nacido con el síndrome del corazón izquierdo hipoplásico, una grave enfermedad congénita. Su ventrículo izquierdo y la aorta eran demasiado pequeños y no podían suministrar suficiente sangre al organismo. Lara pasó los primeros seis meses en una unidad de cuidados intensivos. En la Navidad de 2004, Robert Enke y Teresa, sus padres, cenaron solos en el hospital de Hannover, a metros de la pequeña Lara. El primero de los tres paros cardiorrespiratorios fue un domingo. Robert debía jugar el martes siguiente ante Cottbus. "Tienes que ir", le dijo Teresa. El Hannover, con Enke en el arco, ganó ese día por penales. "Suena duro, pero aun si nuestra hija hubiese muerto, la vida debía continuar", contó el propio Enke al semanario Der Spiegel en 2005. Lara sobrevivió a dos operaciones más de corazón. Pero murió el 17 de septiembre de 2006, apenas después de su segundo cumpleaños. Seis días más tarde, Enke estaba otra vez defendiendo la valla del Hannover. La vida, efectivamente, siguió.
El domingo 8 de noviembre pasado Enke jugó su último partido en el Hannover. Dos a dos ante Hamburgo. Viajó 39 kilómetros en automóvil junto con su esposa, Teresa, hasta la granja de Empede, donde aguardaba Leila, la hija que la pareja había adoptado seis meses atrás. "Der Verlierer ist Enke" (El perdedor es Enke) tituló al día siguiente el influyente periodista de Kicker Karl-Heinz Wild un artículo crítico sobre la exclusión de Enke de la selección para los partidos amistosos ante Chile y Costa de Marfil. Enke, que había sido elegido mejor arquero de la temporada anterior, venía de un parate de dos meses por lesión. Además del juvenil y brillante René Adler (Bayer Leverkusen), los convocados fueron Manuel Neuer (Schalke 04) y Tim Wiese (Werder Bremen). Aun cuando las crónicas hoy digan que Enke era el gran candidato a titular en el Mundial de Sudáfrica, muchos sospechaban que el DT Joachim Low terminaría inclinándose por Adler, que venía de jugar un partido brillante ante Rusia. Acaso lo pensaba también el propio Enke, que ese lunes fue a una exposición en Hannover junto con su familia.
Todo se precipitó al día siguiente, martes 10 de noviembre de 2009. "Se está entrenando", dijo Jorg Neblung, agente de Enke, al periodista del Bild Florian Kelbs. Pero en el Hannover le dijeron que Enke no estaba allí. Neblung, preocupado, llamó primero a Teresa y luego a la policía. Enke dejó temprano la granja, en la que cuidaba a nueve perros, dos gatos y un caballo. Enke amaba a los animales. Había hecho anuncios para PETA, la organización que pide ética en el trato de animales. "Tiere Weihnachtsgeschenke keine sind!" (¡Los animales no son regalos de Navidad!), decía en un aviso. Enke habló temprano con su psiquiatra personal, Valentin Makser, para decirle que se sentía bien. Subió a su Mercedes 4x4 y no fue a la estación de tren de Neustadt. Era el arquero número 1 de Alemania, pero solía ir en tren a los entrenamientos del Hannover. Cargó nafta en la estación de Neustadt-Hagen. El automóvil se internó en una zona oscura y se detuvo a diez metros de las vías del tren. Enke dejó su billetera sobre el asiento. Cerró sin seguro, caminó unos cien metros por las vías y a las 18.17 murió atropellado por el Regional Express número 4427, que iba de Bremen a Hannover. Se mató a dos kilómetros y medio de la tumba de la pequeña Lara.
"Desde temprano tuvo miedo al fracaso cuando jugaba ante compañeros mayores. Estaba atrapado en su elevada autoexigencia. Muchas veces quise hablarle de padre a hijo, no como un especialista", contó su padre, Dirk Enke, atleta de elite en la ex Alemania del Este y psicólogo deportivo. "Tenía convulsiones, no podía entrenarse y una vez hasta llegó a preguntarme si yo me iba a enojar si él dejaba el fútbol", agregó Enke padre. El cuadro se agravó tras el fiasco en Barcelona, donde en 2002 fue suplente de Roberto Bonano y del entonces juvenil Víctor Valdés. Peor le fue en el Fenerbahce turco, del que se alejó luego de que le arrojaron botellazos por una mala actuación. Una semana antes del suicidio, Dirk aconsejó a su hijo que se internara. Un instituto psiquiátrico ya lo había admitido. Atravesaba nuevas fases depresivas y estaba bajo tratamiento con Makser. Pero no quiso internarse. Por un lado, temía que la Oficina de Familia le retirara la custodia de Leila, la hija adoptiva, de ocho meses de edad. Pero además temía que una internación psiquiátrica lo marcara dentro del mundo impiadoso del fútbol.
"El fútbol era su vida y creíamos que todo se superaría con amor, pero no fue así", confesó la viuda, Teresa. ¿Cómo debía admitir fragilidad un arquero de la selección alemana? ¿Acaso desde los 70 ese puesto no era destinado a grandes como Sepp Maier, Toni "Rambo" Schumacher, Oliver "Gorila" Kahn y Jens Lehman? Lehman fue el hombre que amargó a la Argentina en los penales del Mundial 2006. Su salida dejaba por fin las puertas de la selección abiertas a Enke. En una entrevista el año pasado con la revista alemana 11 Freunde (11 Amigos), Enke admitió que tal vez él no era un jugador promedio, pues le gustaban el arte, la filosofía y los aspectos más culturales de la vida. En esa misma entrevista, Enke dio acaso una punta de su sufrimiento privado: "Cuando hablo con la prensa -afirmó-, siempre tengo dos opiniones. Por un lado van mis sentimientos personales y por el otro, los que me sirven para el público".
Si Enke hubiese hecho pública su depresión difícilmente se habrían burlado de él los hinchas alemanes, que en estos días sufren nuevas denuncias de partidos arreglados en el ascenso, pero que llenan estadios, tienen sectores para seguir el juego de pie, boletos accesibles y un sistema mixto que transmite todos los partidos por TV. Su decisión de suicidarse fue debate nacional por varios días. El funeral fue el más numeroso en Alemania desde la muerte del primer canciller de la RFA Konrad Adenauer, en 1967. Los hinchas pidieron el retiro de su camiseta y que el estadio lleve su nombre. La intensa cobertura mediática terminó molestando a varios, me admiten colegas alemanes. Lo más interesante, me cuentan, es que al menos sirvió para que miles de personas se animaran a contar públicamente que también son víctimas de depresión, una enfermedad que se cobra 10.000 muertes al año en Alemania y que hasta Enke nadie creía posible en un astro del fútbol, capitán de su equipo, posible titular de la selección y modelo de muchos niños. "¿En qué estamos fallando para que un hombre como él pensara que no había mejor alivio que la muerte?", se preguntó Theo Zwanziger, presidente de la Federación alemana. Recién con el suicidio de Enke la prensa prestó mayor atención al libro autobiográfico publicado hace dos meses por Sebastian Deisler, estrella trunca del fútbol alemán, retirado hace dos años tras sufrir depresión. Y Andreas Biermann, del St. Pauli, de segunda, se animó a contar que en octubre pasado, víctima de depresión, también él intentó quitarse la vida, como lo hacen unas 3000 personas todos los días en el mundo, sin contar los 20.000 que fracasan en el intento y los millones que acaso alguna vez lo pensaron, tal vez porque "querer morir parece una parte de estar vivo", como escribió el inglés Nick Hornby en su última novela sobre suicidas ( En picado ).
Pero algo debe de suceder especialmente con los arqueros. El miedo del arquero ante el tiro penal , se llama un célebre libro de 1970 del austríaco Peter Handke, que cuenta la historia de Josef Bloch, un antiguo arquero despedido de su trabajo como mecánico que termina estrangulando a una empleada de cine de Viena. El psicólogo Marcelo Halfon, especialista en deportes, me dice que "el puesto de arquero es de alta exposición y altísima exigencia". "Es un puesto ingrato, de mucha soledad, y orilla la sensación del fracaso", me agrega su colega Marcelo Roffé. De los nueve casos de suicidios de los últimos años en el fútbol argentino cinco son arqueros: Osvaldo Rubén Toriani (campeón de la Libertadores 64 con Independiente y que había sufrido la muerte de un hijo pequeño) se mató en 1988 inhalando gas tóxico; Alberto Vivalda (lució en Racing y Chacarita) se arrojó a las vías del ferrocarril Mitre en 1994; el tucumano Luis Ibarra (Tigre) se fue de la concentración en 1998, mató a su esposa y se arrojó de un décimo piso; Sergio Schulmeister (Huracán) se ahorcó en 2003 en su casa de Boedo, y, por último, Mariano Gutiérrez (San Martín de Burzaco) también se ahorcó en su domicilio, en 2008.
"Los errores del arquitecto -señala un viejo dicho- se tapan con columnas; los del cocinero, con salsas; los del médico, con tierra, y los del arquero, con insultos." Algunas bestias creen que la salvajería es la ley número 1 en el fútbol. Y que en esa jungla no hay lugar para los "débiles".

HUGO AMAOLO ENVÍA ESTE ARTÍCULO

El miedo del arquero

Por Ezequiel Fernández Moores

Lara Enke había nacido con el síndrome del corazón izquierdo hipoplásico, una grave enfermedad congénita. Su ventrículo izquierdo y la aorta eran demasiado pequeños y no podían suministrar suficiente sangre al organismo. Lara pasó los primeros seis meses en una unidad de cuidados intensivos. En la Navidad de 2004, Robert Enke y Teresa, sus padres, cenaron solos en el hospital de Hannover, a metros de la pequeña Lara. El primero de los tres paros cardiorrespiratorios fue un domingo. Robert debía jugar el martes siguiente ante Cottbus. "Tienes que ir", le dijo Teresa. El Hannover, con Enke en el arco, ganó ese día por penales. "Suena duro, pero aun si nuestra hija hubiese muerto, la vida debía continuar", contó el propio Enke al semanario Der Spiegel en 2005. Lara sobrevivió a dos operaciones más de corazón. Pero murió el 17 de septiembre de 2006, apenas después de su segundo cumpleaños. Seis días más tarde, Enke estaba otra vez defendiendo la valla del Hannover. La vida, efectivamente, siguió.
El domingo 8 de noviembre pasado Enke jugó su último partido en el Hannover. Dos a dos ante Hamburgo. Viajó 39 kilómetros en automóvil junto con su esposa, Teresa, hasta la granja de Empede, donde aguardaba Leila, la hija que la pareja había adoptado seis meses atrás. "Der Verlierer ist Enke" (El perdedor es Enke) tituló al día siguiente el influyente periodista de Kicker Karl-Heinz Wild un artículo crítico sobre la exclusión de Enke de la selección para los partidos amistosos ante Chile y Costa de Marfil. Enke, que había sido elegido mejor arquero de la temporada anterior, venía de un parate de dos meses por lesión. Además del juvenil y brillante René Adler (Bayer Leverkusen), los convocados fueron Manuel Neuer (Schalke 04) y Tim Wiese (Werder Bremen). Aun cuando las crónicas hoy digan que Enke era el gran candidato a titular en el Mundial de Sudáfrica, muchos sospechaban que el DT Joachim Low terminaría inclinándose por Adler, que venía de jugar un partido brillante ante Rusia. Acaso lo pensaba también el propio Enke, que ese lunes fue a una exposición en Hannover junto con su familia.
Todo se precipitó al día siguiente, martes 10 de noviembre de 2009. "Se está entrenando", dijo Jorg Neblung, agente de Enke, al periodista del Bild Florian Kelbs. Pero en el Hannover le dijeron que Enke no estaba allí. Neblung, preocupado, llamó primero a Teresa y luego a la policía. Enke dejó temprano la granja, en la que cuidaba a nueve perros, dos gatos y un caballo. Enke amaba a los animales. Había hecho anuncios para PETA, la organización que pide ética en el trato de animales. "Tiere Weihnachtsgeschenke keine sind!" (¡Los animales no son regalos de Navidad!), decía en un aviso. Enke habló temprano con su psiquiatra personal, Valentin Makser, para decirle que se sentía bien. Subió a su Mercedes 4x4 y no fue a la estación de tren de Neustadt. Era el arquero número 1 de Alemania, pero solía ir en tren a los entrenamientos del Hannover. Cargó nafta en la estación de Neustadt-Hagen. El automóvil se internó en una zona oscura y se detuvo a diez metros de las vías del tren. Enke dejó su billetera sobre el asiento. Cerró sin seguro, caminó unos cien metros por las vías y a las 18.17 murió atropellado por el Regional Express número 4427, que iba de Bremen a Hannover. Se mató a dos kilómetros y medio de la tumba de la pequeña Lara.
"Desde temprano tuvo miedo al fracaso cuando jugaba ante compañeros mayores. Estaba atrapado en su elevada autoexigencia. Muchas veces quise hablarle de padre a hijo, no como un especialista", contó su padre, Dirk Enke, atleta de elite en la ex Alemania del Este y psicólogo deportivo. "Tenía convulsiones, no podía entrenarse y una vez hasta llegó a preguntarme si yo me iba a enojar si él dejaba el fútbol", agregó Enke padre. El cuadro se agravó tras el fiasco en Barcelona, donde en 2002 fue suplente de Roberto Bonano y del entonces juvenil Víctor Valdés. Peor le fue en el Fenerbahce turco, del que se alejó luego de que le arrojaron botellazos por una mala actuación. Una semana antes del suicidio, Dirk aconsejó a su hijo que se internara. Un instituto psiquiátrico ya lo había admitido. Atravesaba nuevas fases depresivas y estaba bajo tratamiento con Makser. Pero no quiso internarse. Por un lado, temía que la Oficina de Familia le retirara la custodia de Leila, la hija adoptiva, de ocho meses de edad. Pero además temía que una internación psiquiátrica lo marcara dentro del mundo impiadoso del fútbol.
"El fútbol era su vida y creíamos que todo se superaría con amor, pero no fue así", confesó la viuda, Teresa. ¿Cómo debía admitir fragilidad un arquero de la selección alemana? ¿Acaso desde los 70 ese puesto no era destinado a grandes como Sepp Maier, Toni "Rambo" Schumacher, Oliver "Gorila" Kahn y Jens Lehman? Lehman fue el hombre que amargó a la Argentina en los penales del Mundial 2006. Su salida dejaba por fin las puertas de la selección abiertas a Enke. En una entrevista el año pasado con la revista alemana 11 Freunde (11 Amigos), Enke admitió que tal vez él no era un jugador promedio, pues le gustaban el arte, la filosofía y los aspectos más culturales de la vida. En esa misma entrevista, Enke dio acaso una punta de su sufrimiento privado: "Cuando hablo con la prensa -afirmó-, siempre tengo dos opiniones. Por un lado van mis sentimientos personales y por el otro, los que me sirven para el público".
Si Enke hubiese hecho pública su depresión difícilmente se habrían burlado de él los hinchas alemanes, que en estos días sufren nuevas denuncias de partidos arreglados en el ascenso, pero que llenan estadios, tienen sectores para seguir el juego de pie, boletos accesibles y un sistema mixto que transmite todos los partidos por TV. Su decisión de suicidarse fue debate nacional por varios días. El funeral fue el más numeroso en Alemania desde la muerte del primer canciller de la RFA Konrad Adenauer, en 1967. Los hinchas pidieron el retiro de su camiseta y que el estadio lleve su nombre. La intensa cobertura mediática terminó molestando a varios, me admiten colegas alemanes. Lo más interesante, me cuentan, es que al menos sirvió para que miles de personas se animaran a contar públicamente que también son víctimas de depresión, una enfermedad que se cobra 10.000 muertes al año en Alemania y que hasta Enke nadie creía posible en un astro del fútbol, capitán de su equipo, posible titular de la selección y modelo de muchos niños. "¿En qué estamos fallando para que un hombre como él pensara que no había mejor alivio que la muerte?", se preguntó Theo Zwanziger, presidente de la Federación alemana. Recién con el suicidio de Enke la prensa prestó mayor atención al libro autobiográfico publicado hace dos meses por Sebastian Deisler, estrella trunca del fútbol alemán, retirado hace dos años tras sufrir depresión. Y Andreas Biermann, del St. Pauli, de segunda, se animó a contar que en octubre pasado, víctima de depresión, también él intentó quitarse la vida, como lo hacen unas 3000 personas todos los días en el mundo, sin contar los 20.000 que fracasan en el intento y los millones que acaso alguna vez lo pensaron, tal vez porque "querer morir parece una parte de estar vivo", como escribió el inglés Nick Hornby en su última novela sobre suicidas ( En picado ).
Pero algo debe de suceder especialmente con los arqueros. El miedo del arquero ante el tiro penal , se llama un célebre libro de 1970 del austríaco Peter Handke, que cuenta la historia de Josef Bloch, un antiguo arquero despedido de su trabajo como mecánico que termina estrangulando a una empleada de cine de Viena. El psicólogo Marcelo Halfon, especialista en deportes, me dice que "el puesto de arquero es de alta exposición y altísima exigencia". "Es un puesto ingrato, de mucha soledad, y orilla la sensación del fracaso", me agrega su colega Marcelo Roffé. De los nueve casos de suicidios de los últimos años en el fútbol argentino cinco son arqueros: Osvaldo Rubén Toriani (campeón de la Libertadores 64 con Independiente y que había sufrido la muerte de un hijo pequeño) se mató en 1988 inhalando gas tóxico; Alberto Vivalda (lució en Racing y Chacarita) se arrojó a las vías del ferrocarril Mitre en 1994; el tucumano Luis Ibarra (Tigre) se fue de la concentración en 1998, mató a su esposa y se arrojó de un décimo piso; Sergio Schulmeister (Huracán) se ahorcó en 2003 en su casa de Boedo, y, por último, Mariano Gutiérrez (San Martín de Burzaco) también se ahorcó en su domicilio, en 2008.
"Los errores del arquitecto -señala un viejo dicho- se tapan con columnas; los del cocinero, con salsas; los del médico, con tierra, y los del arquero, con insultos." Algunas bestias creen que la salvajería es la ley número 1 en el fútbol. Y que en esa jungla no hay lugar para los "débiles".

TEMA TALLARICO

Martín “Pescador” Tallarico, si Tallarico con doble L, como dice él y no con una sola, la figura del equipo Naranja hoy sin dudas, Se quedara en Berazategui??? Su préstamo vence en Diciembre y después de ahí en más él decidirá donde jugar, ante esta incertidumbre lo llamamos y le preguntamos que hay de cierto en esto, a lo que respondió “Si a fin de año se termina el préstamo, estoy esperando que salga la documentación de ciudadanía, para poder ir a jugar a un equipo de Europa, ya que hay una firme oferta, de no darse escucharía a todos los interesados en mi servicios, pero de la C en el único equipo que jugaría seria en Berazategui, aunque nadie hablo conmigo aun para una posible renovación de contrato ”, ante esta respuesta, le preguntamos a Adrian Rosend, para saber si de irse al interior Berazategui cobraría algo por haber sido vidriera y dijo: “No… por que a Tallarico se le vence el préstamo en diciembre y el pase esta en su poder, Berazategui no cobraría nada, pero si el técnico solicita que Martín se quede, iniciaremos las charlas con el jugador.”
De esta forma queda más que claro que muchos, querrán que no salga ninguna documentación y ninguna oferta de clubes de la b (ya que no las hay – según Martin -) así se quedara en el Naranjero… si es que Zerillo lo pide.-
sUSANA hERNANDEZ

martes 1 de diciembre de 2009

HUGO AMAOLO: OTRO PUNTAL. NOS NUTRE DE BUENA LECTURA

EL FÚTBOL PARA TODOS Y EL CAMBIO EN LAS COSTUMBRES DOMÉSTICAS: ¡YA NO ME DAS PELOTA!. LA OTRA MIRADA EN LA PLUMA DE RODOLFO BRACELI
CON PARTIDOS DE LUNES A VIERNES, REPETICIONES Y PROGRAMAS RELACIONADOS, LA NÚMERO CINCO DOMINA EL ESCENARIO FAMILIAR. LOS HOMBRES DISFRUTAN Y LAS MUJERES SUFREN.
Sábado, 14 horas. En las cajas del supermercado hay largas filas para pagar. Una pareja discute, uno a cada lado del changuito, hasta el tope con las compras del mes. “Te dije, yo sabía que iba a pasar esto”, dice él, entrecejo fruncido.

“¡Bueno, che, una vez que te pido que me acompañes!”, responde ella, cara de siempre lo mismo. En el súper hay mayoría de mujeres solas, y la última frase lo explica: “Sí, justo hoy, me estoy perdiendo el partido”.

Partido al medio está el mundo el sábado a las 18. En los bares que abundan en Acoyte y Rivadavia, siempre colmados de parejas, ahora hay mesas de mujeres y los hombres, quién sabe. Ahora es desde que se sancionó la Ley de Medios Audiovisuales que consagró el fútbol para todos. “Parece que fue hace un siglo, pero no, hace poco más de un mes. En ese momento, hace 120 partidos, celebré la libertad de los goles, me parecía bien que la gente disfrutara de los partidos sin necesidad de cable o consumición obligatoria en un bar. Desde entonces, pasaron 1.080 minutos de fútbol ininterrumpido, sin contar el tiempo de descuento”, señala Liliana Escliar, escritora y coguionista de Mujeres asesinas, con precisión suiza que obliga a buscar datos. Entre el 23 de octubre y el 6 de noviembre, sólo hubo cuatro días sin televisación de partidos.

“Las mujeres sabemos más de fútbol, y nos gusta menos –agrega Escliar–. Hay un momento en la semana, ese instante que va entre el lunes a las cuatro de la tarde al domingo a las diez de la noche, en que lo odiamos. Odiamos que el ánimo de nuestra pareja dependa de la gambeta de Riquelme o de la cabeza de Palermo. Podemos ver un partido, pero cuando creemos que ya termina, viene otro. Y no acaba. Nunca se acaba.”

Acaba por cansar el televisor siempre encendido. Desde que el fútbol llegó a Canal 7, la televisión pública logró un rating inesperado: está tercero en la lista de canales más vistos, detrás de Telefé; los domingos sólo pierde con Susana Giménez, y tuvo momentos de gloria como el del domingo 25 de octubre, con 30.6 puntos para el clásico River-Boca. “Es agotador –se queja Paula Chávez, pareja del polista Facundo Pieres–. Porque él mira polo, fútbol, golf, las carreras de autos y si hay un campeonato de ping pong, también. Es imposible, lo peor es que pasan repeticiones y repeticiones, y después el resumen y el resumen del resumen, nos pasamos todo el día viendo deportes, pero bueno, es lo que hay.”

Hay equipo, dicen los hombres cuando son más de cinco dispuestos a jugar un picadito. La frase podría pasar a bocas femeninas en el hall de los cines los sábados a las 20, hora del cuarto partido del día. “Ya vine sola el fin de semana pasado –confiesa Clara Martínez, marido y tres hijos de 24, 22 y 18 años–; en casa son imposibles, en cuanto digo ‘uhh’ por una jugada de riesgo, me dicen ‘andate’. A veces me da pena que pongan tanta energía en algo tan trivial.” Son millones los que lo hacen, lo demuestra que lo más visto de 2009 fue el partido Argentina-Uruguay del 14 de octubre por las eliminatorias para el Mundial, con 43.9 puntos de rating. Una cifra que no varía porque las mujeres se queden en casa, como Graciela Cornejo (31 años, marido sin hijos): “Antes íbamos al cine todos los sábados, ahora él se queda en el dormitorio mirando los partidos. Me está cansando un poco el tema, porque me tengo que conformar con alguna peli que den en cable”.

Cable era el de antes, ahora es un paliativo pequeño y pobre: la oferta de superestrenos de películas que ya cumplieron los 15 no desvela a nadie. Será por eso que la escritora Ana María Shua lamenta “que la programación que tenía Canal 7 durante los fines de semana haya desaparecido de la grilla. Es una falta que quienes no miran partidos notan mucho”. En el mismo sentido opina la humorista Eugenia Guerty, quien como vive sola asegura que “nadie me toca el control remoto. De chica era muy futbolera y los partidos por televisión eran un acontecimiento, por eso me parece bien que hoy se puedan ver en todos los hogares, pero lamento que Canal 7 haya sacado programaciones logradas, como el ciclo para chicos Permitido estacionar”. La modelo Jazmín de Grazia también vive sola, pero sabe lo que significa la dupla fútbol-tele cuando se está en pareja: “Me iba al living a leer un libro, prefería que estuviera contento y no con mala cara. Te podés poner y hacer cualquier cosa, pero contra el fútbol no hay competencia”.

Competencia que el sexólogo Adrián Sapetti –quien acaba de lanzar con Ediciones B Confesiones íntimas. Historias reales de sexo y pasión– califica como imposible “aun cuando el hombre no sea fanático. Es una pasión arcaica, quizá la primera actividad que realizó con el padre. Es una de las cuestiones por las que se quejan las mujeres en mi consulta. A los hombres les digo que recuperen el diálogo, que lean algún libro, que escuchen música, que el fútbol no es todo, pero es una adicción y en este caso, doble, al fútbol y a la tele, es difícil de recuperar”. A punto tal, que en tren de confesiones y entre risas, admitió que en un congreso de psiquiatría en Brasil se juntaron en un habitación del hotel a mirar un partido por Internet. De todas maneras, admite que cuatro partidos seguidos es una locura.

Locura es la que imagina el psiquiatra y autor de 13 consejos para fracasar en pareja, Jorge Moreno, en un escenario de crisis. “Al principio eran un par de horas los domingos por la noche y a veces, durante la semana, algún partido europeo. Había tiempo para estar juntos. Hasta que les cayó encima una catarata de partidos televisados y él empezó a ver dos partidos a la vez en los dos televisores de la casa. Según los tonos del relator, corría del living al dormitorio y viceversa. Las discusiones empezaron cuando ella no sabía decirle quién había hecho el gol o, peor aún, cuando ni siquiera había prendido el televisor. La pareja estaba quedando al costado de la cancha. Las relaciones sexuales se ajustaban a los quince minutos del entretiempo. Hasta que ella le dijo que quería el pase libre porque le habían propuesto una cancha de dos plazas king size en un dos ambientes sin televisor. El fútbol, que enardece multitudes, apagó a la pareja, una pasión de a dos.”

De a dos deberían vivirse los domingos, último o primer día de la semana, según cómo se mire el calendario. Para Claudia Domínguez, “es un día feliz o triste según los resultados del fútbol. ‘¿Hacemos un asado?’, le pregunto a mi marido. ‘Y... si gana San Lorenzo...’, me contesta. En la semana ve todo lo que puede haciendo zapping, hasta que digo basta, pero entonces me pregunta qué quiero ver y no sé qué decirle”. San Lorenzo es el quinto equipo en el ranking de convocatoria que elaboró Canal 7, con 10.4 puntos de rating. El club más visto es Boca, con un promedio 18.3 puntos, seguido por River con 16.5, Independiente con 12.2, Racing con 10.8. Son los cinco equipos considerados “grandes” del torneo local, aunque a veces los resultados no lo demuestren. Para Gladys Medina, que vive en el campo en Córdoba, sin electricidad, también cambiaron los domingos: “Mi marido siempre fue un fanático, antes se iba en bicicleta hasta el pueblo más cercano para ver el partido de la fecha. Ahora se queda en casa y los mira a todos en la tele blanco y negro, que cargamos con una batería de auto. Lo malo es que ni yo ni mi nieta podemos cambiar de canal”.

Canal Magazine es uno de los que incorporó mujeres a la conducción de programas deportivos, entre ellas Karen Reichardt (Fanáticas) que hace honor al nombre de su ciclo: “Mis hijos y yo vemos fútbol todo el día, partidos hasta del extranjero. Me permite seguir la fecha del campeonato y no tengo que esperar a las doce de la noche para ver los goles y las jugadas polémicas. Y disfrutamos de ver un partido detrás del otro”. Para quienes no lo logran a pesar de los esfuerzos, la también conductora Cecilia “Chechu” Bonelli se ofrece a “contagiarlas, les hago entender un poco de fútbol para que lo vean con su pareja. A mí me encanta y les inculcaba esa pasión a mis novios”.

El fútbol para todos cambió la programación familiar: las actividades por separado que antes se daban los domingos por la tarde, ahora se extendieron a lo que podría considerarse un “fin de semana largo”. Los partidos comienzan los viernes (a las 19 y las 21), continúan los sábados (a las 14, 16, 18 y 20) con los mismos horarios de los domingos, y desde la semana próxima, también los lunes a las 19 y 21. Esos dos partidos reemplazarán a los que se juegan a las 14 por la proximidad del calor veraniego. La grilla está ajustada, y encima, ni siquiera se puede proponer un museo como alternativa cultural: en el de la ciudad, de lunes a domingos de 11 a 19 y hasta fines de enero, está la muestra “La cancha, una emoción. El fútbol y los porteños en el recuerdo”. Camisetas viejas, pelotas de cuero, figuritas de los ’20, tapitas de gaseosas con jugadores... como si la actualidad no alcanzara. Pero eso no es todo. Para mediados de mes, Telefé anuncia una nueva comedia de tono policial, Botineras, que según dicen recreará la “cocina” del fútbol, la noche y las chicas que se acercan a las canchas para involucrarse con los jugadores.

Domingo, 23 horas. Sólo una pregunta queda flotando en el aire. Hubo en los últimos años una “era de acuario” y un “hombre de la nueva era”. ¿Habrá llegado la era de la número cinco?

Informe: Lucas Cremades
Por Raquel Roberti

PABLO PACHECO

Sr. "Pepe" Lara, ud por casualidad no es hincha de Urquiza, no? Merecieron ganar por goleada, por lo que leo. El único comentario de este partido que sugiere eso. Igual a los comentarios de los partidos con los últimos 3 rivales de Excursionistas, que por lo que parece, saca puntos de casualidad y de pura suerte es el puntero de la categoría con 7 puntos de diferencia. Yo también estuve en la cancha el domingo. Un poquito más de objetividad, por favor, despojarse de la camiseta al comentar!
Y que se sugiera que los arbitrajes favorecen a Excursionistas, cantamos cartón lleno, cuando no hay réferi que no termine puteado por la parcialidad Verde por los fallos que son fallas. No recordamos árbitro que no se halla retirado bajo los insultos (aun ganando Excursio) porque demuestran lo limitadísimo del actual referato argentino, perjudicando a los que juegan e intentan jugar. Pero ahora que Excursionistas es puntero, resulta que lo favorecen? Por favor! un poco más de autocrítica, que los árbitros son malos para todos. Que poco serio!

Muchas gracias. Un saludo cordial.
Pablo

HUGO AMAOLO: La triste renuncia de Angel Cappa

La triste renuncia de Angel Cappa

La renuncia de Angel Cappa a la dirección técnica de Huracán cierra de triste forma un capítulo valioso.
Lo valioso estuvo a la vista: de la nada aparente, se hizo visible un equipo, se valorizó a jugadores que de pelear el descenso llegaron hasta a la Selección Nacional y, sobre todas las cosas, se jugó bien. Es decir, cumpliendo las premisas que definirían el jugar bien: 1) los once convencidos del plan (como Banfield, en otro estilo); 2) con capacidad para asumir la iniciativa (como España, o el Barcelona, salvando las distancias) y no sólo jugar de contraataque; 3) generando un consenso generalizado entre el público, actor fundamental.
Lo triste está a la vista: a Cappa no le alcanzó el aguante para el, digamos, “heroísmo” de los apenas cuatro partidos que le habrían completado una etapa, saliendo con las botas puestas; se dejó arrasar por el resultadismo al que combate; distribuyó culpas y excusas a los cuatro vientos sin que se le escapase ni una sola autocrítica.
Las buenas noticias son: que el Huracán de Cappa se mantuvo fiel a su idea de juego, más allá de que no tuvo un jugador capaz de hacer un gol; que el club se repondrá una vez más, entre otras cosas porque el presidente Babington ha mostrado buen ojo para elegir entrenadores; y que Cappa, en este último año, dio un salto de calidad impresionante en su posicionamiento como técnico de primera.
También que Vélez Sársfield, largamente primero en la tabla de posiciones del año, demostró que había algo más que Brazenas en su triunfo sobre el Globito...

Publicado por Horacio del Prado