viernes 27 de noviembre de 2009

HUGO AMAOLO ENVIA SIEMPRE BUENO

Esta semana estuve releyendo la historia de emprendedores exitosos, entre ellas la de Isaac Tigrett, el fundador de la cadena Hard Rock Café. Contando sus secretos, Isaac remarcó uno que me quedó vibrando dentro: “como no tenía idea del negocio, decidí seguir únicamente los dictados de mi corazón”. Así de simple fue como inició un negocio de la nada, lo expandió a todo el globo y logró venderlo en una cifra exorbitante.

Y pensé que distintas serían las cosas para Isaac si quisiera iniciar su negocio ahora; cuanto más difícil es para cualquiera. Sin ir más lejos, en los últimos años surgió una ¿profesión?: ser considerado un Gurú. Y como cada maestro tiene su libro, tenemos gurúes para todos los negocios, sistemas, pensamientos, ideologías. Los hay gratuitos y los hay caros; hay serios y de los otros; más abiertos u ortodoxos pero ninguno puede superar al verdadero gurú, el mismo que utilizó Isaac Tigrett: nuestro corazón.

Tengo la certeza que si cada quien escuchase más adentro que afuera tendría mas respuestas que dudas, más logros que fracasos, más felicidad que tristezas.

De hecho, en el silencio podemos escuchar mejor.

No les digo que lo hagan ni tampoco que sea fácil, sólo que vale la pena intentarlo.

Marcelo Berenstein

jueves 26 de noviembre de 2009

HUGO AMAOLO NOS NUTRE DE BUENA LECTURA

CRUCIANI DIRIGE EN EN PANTHERE SPORTIVE DU NDE

El técnico bahiense Diego Andrés Cruciani debutó con 2 (dos) triunfos consecutivos como entrenador del Panthere Sportive du Nde, equipo que milita en el torneo de primera división del torneo que organiza la Federación de fútbol de Camerún.
Este trotamundos del fútbol cuenta entre sus pergaminos una vasta trayectoria en divisiones formativas y tuvo entre sus logros el haber sido asistente de dos técnicos con historia en el fútbol nacional como lo son Vicente Cayetano Rodríguez y César Luis Menotti, cuando éstos eran entrenadores en Banfield e Independiente, respectivamente.

Cruciani fue jugador de Cipolletti de Río Negro -con el cual clasificó al viejo torneo Nacional- y además fue el técnico de esa entidad cuando jugó en el Nacional B, formando dupla con Luis Alberto Amorone.

También dirigió en el Torneo Argentino B a la Asociación Deportiva Centenario de Neuquén y a Textil Mandiyú de Corrientes.

En su etapa internacional estuvo al frente de dos equipos de los Estados Unidos como lo fueron los Bull Dogs de Bostón y Tampa.

Integró el cuerpo técnico del seleccionado de Haití junto a Vicente Cayetano Rodríguez, Juan Amador Sánchez y Pablo Erbín. Y fue entrenador principal de la selección mayor de Bangladesh -al que clasificó al por primera vez en la historia al Torneo Asiático y lo que le valió ser portada de la revista mensual que edita la FIFA-, luego dirigió al Club Abahani de Dhaka en Bangladesh.

Ahora aceptó el desafío de dirigir en Africa y su presentación no pudo ser mejor. El domingo como locales, Panthere Sportive du Nde se impuso a Unisport por 1 a 0, y también había ganado en su presentación.

El torneo es encabezado por Cotonsport con 13 puntos, y es escoltado por Tiko United y Sable con 11 unidades, mientras que el Panthere Sportive du Nde es tercero con 10 puntos, en cinco partidos jugados de la primera rueda, e

l domingo se medirá en Douala contra Unión clásico rival regional que cuenta con cancha de cesped artificial.
El equipo esta clasificado tambien para jugar la copa de Africa de clubes que comienza en enero, pero todavia no se sortearon los grupos.

En el plantel de Cruciani estan, Hughes Mjakobp que anduvo por San Lorenzo en la epoca del chileno Manuel Pellegrini pero no jugó, luego pasó por Tacuarembo de Uruguay y a The Strongest de Bolivia; Ernest Njah que jugó en los Tecos de Mexico, 12 de Octubre de Paraguay y Tolima de Colombia y Talla que jugó en el Gimnastic de Espana.

lunes 23 de noviembre de 2009

HUGO AMAOLO ENVÍA ESTE ARTÍCULO

Tengo una idea.., por Juan Butvilofsky

El grito de mi mamá se oyó nítido, tanto como las risas que le siguieron cuando descubrió qué pasaba. Mi papá, que había estacionado su coche en doble fila por el alarido, corrió hasta encontrarla, y cuando la ubicó y presenció al dantesco cuadro, también soltó una carcajada. No era para menos. Debajo del limonero que habitaba el fondo de mi casa, como quien no quiere la cosa, estaba Juan José, mi vecino y amigo de la infancia, quien había saltado la tapia que separaba a nuestros terrenos, se había colado en mi cuarto, había tomado mi juego de química y, disfrazado de científico con su guardapolvo de la escuela primaria, había montado un improvisado laboratorio en medio de las frondosas plantas... Evidentemente eran otros tiempos, bien distintos a los que vivimos, jornadas de miedo que son noticia porque las calles que transitamos ya no son parte del barrio: ahora son amenazas... No estoy capacitado para hacer un análisis socioeconómico de la realidad que nos atormenta; descuento que el hambre, la desigualdad y la falta de educación son los enemigos que no se atacan; aunque deseo desear algo: llamemos a las cosas por su nombre, desterremos a los lugares comunes, y ayudemos desde donde nos toque a los que peor la pasan... Matías Jiménez, futbolista del Club Atlético Tigre, quiso huir de su institución el martes pasado, espantado por las extorsiones de los barras bravas. Pese a que dio marcha atrás, no hay que dejar que su caso quede en la nada, porque representa emblemáticamente al flagelo que sufren sus pares, quienes no se animan a gritar sus miedos porque estos delincuentes no amagan: disparan... El jefe de gabinete Aníbal Fernández tiene la palabra. El fútbol para todos, el mismo que financiamos nosotros mediante el pago de impuestos, y que de gratis no tiene nada, será sólo para unos pocos si en vez de combatir al delincuente se lo contrata para embanderar las canchas con trapos oficialistas, a cambio de pasajes y entradas para ir a Sudáfrica... Existe una herramienta válida para modificar estilos, incluso cuando todo parece perdido. Ese vehículo es el pensamiento crítico. Preguntarnos por qué pasa lo que nos pasa es el puntapié inicial para que renazca la esperanza. Te lo dice un tipo normal, al que le ocurren las mismas cosas que a vos, como encontrar a un científico de siete años, debajo de un limonero, en el fondo de la casa...

sábado 7 de noviembre de 2009

HUGO AMAOLO ENVIA SIEMPRE BUENO

El fútbol comunista
Por Ezequiel Fernández Moores

"El comunismo existió, sí", dice el cineasta francés Jean Luc Godard en un momento del filme Nuestra Música. Y agrega irónico: fue "durante dos tiempos de 45 minutos, en Wembley", cuando Hungría le ganó 6-3 a Inglaterra. "Los ingleses ?cuenta Godard, un hombre de izquierda? jugaron individualmente y los húngaros, en equipo." Godard no es futbolero. Y mucho menos lo es su filme. Pero esa formidable selección húngara, ahora que se recuerda el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, es para muchos la mayor contribución que la Europa comunista dio al fútbol. Su líder, Ferenc Puskas, fue "la izquierda más esclarecida del comunismo", bromeó alguna vez el Negro Fontanarrosa. Esa tarde de 1953, la Hungría de Puskas tiró 35 veces al arco. Siete veces más que Inglaterra, que jamás había perdido en Wembley ante una selección no británica. Cien mil espectadores saludaron con una ovación a esa máquina colectiva de fútbol ofensivo. La revancha, seis meses después, en Budapest, fue peor: 7-1.
En el Mundial 54, el primero que fue televisado, y el de mayor cantidad de goles de la historia, con una media de más de cinco por partido, Hungría eliminó 4-2 a Brasil en un violento partido de cuartos de final. En semifinales le ganó 4-2 al campeón Uruguay en tiempo extra. Y en la final cayó sorpresivamente 3-2 contra Alemania, a la que había goleado 8-3 en la fase inicial. Los alemanes, que precisaban la reconstrucción tras el horror del nazismo, lo llamaron "El Milagro de Berna". Para los húngaros, el milagro se produjo en las farmacias, por cómo corrieron los alemanes ese día. Fue la primera derrota de Hungría en cuatro años y 31 partidos. La intervención militar de la Unión Soviética en 1956 terminó no sólo con las últimas esperanzas de libertad en Hungría, acaso el régimen más liberal del bloque. Liquidó también lo que quedaba de esa selección, un modelo europeo del Brasil del 70. Puskas y algunos de sus compañeros estaban en plena gira. No quisieron retornar a Hungría. La FIFA, que era manejada por el inglés Stanley Rous, cualquier cosa menos comunista, defendió, sin embargo, a la corporación de la pelota y suspendió a los rebeldes.
Alguna vez se contó en estas columnas el caso del Dinamo Kiev, el equipo ucraniano que se reinventó con el nombre de FC Start y en 1942, con su país bajo ocupación nazi, se negó a perder contra el once de la Luftwaffe (Flakelf). Libros oficiales llegaron a decir que los jugadores fueron fusilados por los nazis apenas terminó el partido, aún vestidos de futbolistas.
La historia suele no ser tan lineal. Los jugadores, en rigor, murieron tiempo después casi todos en campos de concentración. Y tres de ellos sobrevivieron. Pero el stalinismo, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, los acusó de haber confraternizado con el enemigo por haber jugado en una misma liga con equipos del nazismo. Les perdonó la vida a cambio de un silencio que rompieron después de más de medio siglo. Lo cuenta el periodista inglés Andy Dougan en el libro Dinamo: Defendiendo el honor de Kiev. La resistencia al nazismo en el fútbol siempre tuvo como símbolo individual al austríaco Matthias Sindelar, que le hizo goles que no debía a la Alemania de Hitler y luego se negó a integrar la selección "anexada". El ruso Eduard Streltsov podría ser el símbolo de la resistencia al comunismo. Su historia, que bien podría haber dramatizado el Reader?s Digest, cuando nos decía que el comunismo se comía a los niños crudos, está en Behind the Curtain (Detrás de la cortina). El libro del periodista inglés Jonathan Wilson es un viaje maravilloso por el fútbol de la Europa del Este. Streltsov, una especie de George Best ruso, hábil, carismático, bebedor y mujeriego, anotó tres goles en su debut en la selección rusa, en 1954, con apenas 17 años. En semifinales de los Juegos Olímpicos de Melbourne 56, la URSS perdía 1-0 y jugaba con nueve ante Bulgaria. Streltsov fue el héroe del heroico triunfo. Ya era la gran figura del campeonato soviético. Pero el 25 de mayo de 1958, a dos semanas del inicio del Mundial de Suecia que podía marcar su consagración, Streltsov escapó de la concentración de la selección. Lo acompañaba, entre otros, una joven de 20 años llamada Marina Lebedeva. Al día siguiente denunció que Streltsov la había violado.
En prisión, Streltsov se declaró culpable. Le dijeron que lo hiciera para jugar el Mundial. Unos cien mil trabajadores de la fábrica de coches Zil, vinculada con su equipo, el Torpedo, iniciaron una marcha de protesta. Un tribunal lo condenó a doce años de trabajos forzados.
El libro de Wilson permite creer que fue una trampa. Los problemas de Streltsov pudieron haber comenzado cuando se negó a pasar al CSKA (el equipo del ejército) o al Dynamo (de la KGB). Era goleador y figura del campeonato soviético, pero recibía amonestaciones insólitas, golpes rivales y críticas de la prensa, molesta con su carácter rebelde, que lo llevó a pasar tres días preso por una pelea callejera. Pero lo peor, según Wilson, fue tal vez cuando desairó a Yekaterina Furtseva, la única mujer en el Politburó, el máximo órgano de poder, y favorita de Nikita Krushev, diciéndole que no pensaba casarse con su hija Svetlana, con quien había tenido una noche de amor. Recibió una paliza apenas ingresó al gulag, provocada por un informante de la policía. Salió a los cinco años. Suspendido como futbolista, jugó para un equipo de la fábrica. Los obreros de la Zil enviaron una carta a Leonid Brezhnev pidiendo que fuera rehabilitado. Se reincorporó al Torpedo, en 1967 lo coronó campeón y él fue declarado mejor jugador de la Liga ese año y en el 68. Murió de cáncer de pulmón en 1990, con apenas 52 años. Mucho antes, en 1974, se había suicidado Yekaterina Fursteva, la mujer sospechada de haberle hecho "la cama". El "Pelé ruso", como se lo recuerda hoy, anotó 100 goles en 222 partidos para el Torpedo y 25 en 38 para la selección soviética. Es considerado el segundo mejor jugador en la historia de ese país, luego del mítico arquero Lev Yashin. Tiene un estadio con su nombre y una campaña de rehabilitación de su figura que lideró el ex campeón mundial de ajedrez Anatoly Karpov.
En los años de la Guerra Fría, el comunismo y el capitalismo trasladaron su batalla al deporte. Los atletas comunistas marcaron historia en los Juegos Olímpicos y fueron símbolo de una fenomenal política de cultura deportiva y preparación científica. La caída del Muro destapó la contracara del doping y la extorsión política. Las piedras, eso sí, cayeron de un solo lado. Occidente prefiere llamar "libertad" a las manifestaciones chauvinistas de sus campeones. Y calificar de errores individuales sus políticas de doping planificado. En los primeros Juegos tras la caída del Muro, Barcelona 92, el periodista Frank Deford extrañó los épicos duelos "comunismo vs. capitalismo". "¿A cambio de qué hemos trocado ese maravilloso conflicto entre Dios y el demonio, capitalismo y socialismo, libertad y esclavitud? A cambio de la lucha entre Nike y Reebok". Deford ironizó pidiendo si acaso no se podría revivir al comunismo aunque más no fuera como un nuevo "patrocinador olímpico".
Casi una profecía: los últimos Juegos de Pekín 2008, en la China comunista, parecieron celebrarse en un megashoping con policías. Oligarcas rusos, como Roman Abramovich, controlan hoy a poderosos equipos del fútbol mundial. El último lunes, el diario italiano Corriere della Sera publicó la cuenta de su última cena en Milán, para seis personas: casi 50.000 dólares. Dejó 5000 de propina. Abramovich, hijo afortunado de estos tiempos, cree que todo se arregla con dinero. Ya puso 1500 millones y todavía no logró que Chelsea se corone en Europa. Un buen equipo precisa algo más que una chequera, como lo demostró aquella Hungría que encantó a Godard. Su filme es tan maravilloso como esa selección de Puskas. "Matar a un hombre para defender a una idea no es defender una idea, es matar a un hombre", dice en un momento el escritor español Juan Goytisolo. El mundo, todavía violento y cada vez más injusto, cumplirá el lunes próximo veinte años sin el Muro de Berlín. Afortunadamente, la nueva era de la codicia no puede borrarnos la memoria. Jamás olvidaremos a la Hungría de Puskas.

HUGO AMAOLO ENVIA SIEMPRE BUENO

El fútbol comunista
Por Ezequiel Fernández Moores

"El comunismo existió, sí", dice el cineasta francés Jean Luc Godard en un momento del filme Nuestra Música. Y agrega irónico: fue "durante dos tiempos de 45 minutos, en Wembley", cuando Hungría le ganó 6-3 a Inglaterra. "Los ingleses ?cuenta Godard, un hombre de izquierda? jugaron individualmente y los húngaros, en equipo." Godard no es futbolero. Y mucho menos lo es su filme. Pero esa formidable selección húngara, ahora que se recuerda el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, es para muchos la mayor contribución que la Europa comunista dio al fútbol. Su líder, Ferenc Puskas, fue "la izquierda más esclarecida del comunismo", bromeó alguna vez el Negro Fontanarrosa. Esa tarde de 1953, la Hungría de Puskas tiró 35 veces al arco. Siete veces más que Inglaterra, que jamás había perdido en Wembley ante una selección no británica. Cien mil espectadores saludaron con una ovación a esa máquina colectiva de fútbol ofensivo. La revancha, seis meses después, en Budapest, fue peor: 7-1.
En el Mundial 54, el primero que fue televisado, y el de mayor cantidad de goles de la historia, con una media de más de cinco por partido, Hungría eliminó 4-2 a Brasil en un violento partido de cuartos de final. En semifinales le ganó 4-2 al campeón Uruguay en tiempo extra. Y en la final cayó sorpresivamente 3-2 contra Alemania, a la que había goleado 8-3 en la fase inicial. Los alemanes, que precisaban la reconstrucción tras el horror del nazismo, lo llamaron "El Milagro de Berna". Para los húngaros, el milagro se produjo en las farmacias, por cómo corrieron los alemanes ese día. Fue la primera derrota de Hungría en cuatro años y 31 partidos. La intervención militar de la Unión Soviética en 1956 terminó no sólo con las últimas esperanzas de libertad en Hungría, acaso el régimen más liberal del bloque. Liquidó también lo que quedaba de esa selección, un modelo europeo del Brasil del 70. Puskas y algunos de sus compañeros estaban en plena gira. No quisieron retornar a Hungría. La FIFA, que era manejada por el inglés Stanley Rous, cualquier cosa menos comunista, defendió, sin embargo, a la corporación de la pelota y suspendió a los rebeldes.
Alguna vez se contó en estas columnas el caso del Dinamo Kiev, el equipo ucraniano que se reinventó con el nombre de FC Start y en 1942, con su país bajo ocupación nazi, se negó a perder contra el once de la Luftwaffe (Flakelf). Libros oficiales llegaron a decir que los jugadores fueron fusilados por los nazis apenas terminó el partido, aún vestidos de futbolistas.
La historia suele no ser tan lineal. Los jugadores, en rigor, murieron tiempo después casi todos en campos de concentración. Y tres de ellos sobrevivieron. Pero el stalinismo, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, los acusó de haber confraternizado con el enemigo por haber jugado en una misma liga con equipos del nazismo. Les perdonó la vida a cambio de un silencio que rompieron después de más de medio siglo. Lo cuenta el periodista inglés Andy Dougan en el libro Dinamo: Defendiendo el honor de Kiev. La resistencia al nazismo en el fútbol siempre tuvo como símbolo individual al austríaco Matthias Sindelar, que le hizo goles que no debía a la Alemania de Hitler y luego se negó a integrar la selección "anexada". El ruso Eduard Streltsov podría ser el símbolo de la resistencia al comunismo. Su historia, que bien podría haber dramatizado el Reader?s Digest, cuando nos decía que el comunismo se comía a los niños crudos, está en Behind the Curtain (Detrás de la cortina). El libro del periodista inglés Jonathan Wilson es un viaje maravilloso por el fútbol de la Europa del Este. Streltsov, una especie de George Best ruso, hábil, carismático, bebedor y mujeriego, anotó tres goles en su debut en la selección rusa, en 1954, con apenas 17 años. En semifinales de los Juegos Olímpicos de Melbourne 56, la URSS perdía 1-0 y jugaba con nueve ante Bulgaria. Streltsov fue el héroe del heroico triunfo. Ya era la gran figura del campeonato soviético. Pero el 25 de mayo de 1958, a dos semanas del inicio del Mundial de Suecia que podía marcar su consagración, Streltsov escapó de la concentración de la selección. Lo acompañaba, entre otros, una joven de 20 años llamada Marina Lebedeva. Al día siguiente denunció que Streltsov la había violado.
En prisión, Streltsov se declaró culpable. Le dijeron que lo hiciera para jugar el Mundial. Unos cien mil trabajadores de la fábrica de coches Zil, vinculada con su equipo, el Torpedo, iniciaron una marcha de protesta. Un tribunal lo condenó a doce años de trabajos forzados.
El libro de Wilson permite creer que fue una trampa. Los problemas de Streltsov pudieron haber comenzado cuando se negó a pasar al CSKA (el equipo del ejército) o al Dynamo (de la KGB). Era goleador y figura del campeonato soviético, pero recibía amonestaciones insólitas, golpes rivales y críticas de la prensa, molesta con su carácter rebelde, que lo llevó a pasar tres días preso por una pelea callejera. Pero lo peor, según Wilson, fue tal vez cuando desairó a Yekaterina Furtseva, la única mujer en el Politburó, el máximo órgano de poder, y favorita de Nikita Krushev, diciéndole que no pensaba casarse con su hija Svetlana, con quien había tenido una noche de amor. Recibió una paliza apenas ingresó al gulag, provocada por un informante de la policía. Salió a los cinco años. Suspendido como futbolista, jugó para un equipo de la fábrica. Los obreros de la Zil enviaron una carta a Leonid Brezhnev pidiendo que fuera rehabilitado. Se reincorporó al Torpedo, en 1967 lo coronó campeón y él fue declarado mejor jugador de la Liga ese año y en el 68. Murió de cáncer de pulmón en 1990, con apenas 52 años. Mucho antes, en 1974, se había suicidado Yekaterina Fursteva, la mujer sospechada de haberle hecho "la cama". El "Pelé ruso", como se lo recuerda hoy, anotó 100 goles en 222 partidos para el Torpedo y 25 en 38 para la selección soviética. Es considerado el segundo mejor jugador en la historia de ese país, luego del mítico arquero Lev Yashin. Tiene un estadio con su nombre y una campaña de rehabilitación de su figura que lideró el ex campeón mundial de ajedrez Anatoly Karpov.
En los años de la Guerra Fría, el comunismo y el capitalismo trasladaron su batalla al deporte. Los atletas comunistas marcaron historia en los Juegos Olímpicos y fueron símbolo de una fenomenal política de cultura deportiva y preparación científica. La caída del Muro destapó la contracara del doping y la extorsión política. Las piedras, eso sí, cayeron de un solo lado. Occidente prefiere llamar "libertad" a las manifestaciones chauvinistas de sus campeones. Y calificar de errores individuales sus políticas de doping planificado. En los primeros Juegos tras la caída del Muro, Barcelona 92, el periodista Frank Deford extrañó los épicos duelos "comunismo vs. capitalismo". "¿A cambio de qué hemos trocado ese maravilloso conflicto entre Dios y el demonio, capitalismo y socialismo, libertad y esclavitud? A cambio de la lucha entre Nike y Reebok". Deford ironizó pidiendo si acaso no se podría revivir al comunismo aunque más no fuera como un nuevo "patrocinador olímpico".
Casi una profecía: los últimos Juegos de Pekín 2008, en la China comunista, parecieron celebrarse en un megashoping con policías. Oligarcas rusos, como Roman Abramovich, controlan hoy a poderosos equipos del fútbol mundial. El último lunes, el diario italiano Corriere della Sera publicó la cuenta de su última cena en Milán, para seis personas: casi 50.000 dólares. Dejó 5000 de propina. Abramovich, hijo afortunado de estos tiempos, cree que todo se arregla con dinero. Ya puso 1500 millones y todavía no logró que Chelsea se corone en Europa. Un buen equipo precisa algo más que una chequera, como lo demostró aquella Hungría que encantó a Godard. Su filme es tan maravilloso como esa selección de Puskas. "Matar a un hombre para defender a una idea no es defender una idea, es matar a un hombre", dice en un momento el escritor español Juan Goytisolo. El mundo, todavía violento y cada vez más injusto, cumplirá el lunes próximo veinte años sin el Muro de Berlín. Afortunadamente, la nueva era de la codicia no puede borrarnos la memoria. Jamás olvidaremos a la Hungría de Puskas.

jueves 5 de noviembre de 2009

HUGO AMAOLO ENVIA SIEMPRE

Ropa limpia, negocios sucios

Por Ezequiel Fernández Moores

El empresario lo acusó de haber sido "valijero de todos los políticos" y manejado dineros procedentes "del juego y la prostitución". Sospechó sobre cómo se adueñó de una vivienda que, supuestamente, pertenecía a "personas que desaparecieron". El senador no fue menos: lo trató de "degenerado" que "explotó" al fútbol, lo acusó de pedirle 3 millones de dólares para poder incluir su nombre en una lista electoral y le ventiló cuestiones ya más privadas, vinculadas con la prostitución y el alcoholismo. El empresario es Carlos Avila, el hombre que construyó un poderoso multimedio gracias a los dineros que ganó televisando el fútbol a través de Torneos y Competencias (TyC). Y Esteban Caselli, ex embajador argentino en el Vaticano, es el senador en Italia. Representa a los residentes italianos en América latina por el partido del premier Silvio Berlusconi. El cruce entre el empresario y el senador fue público. Ocurrió el jueves pasado en el canal C5N, en el marco de las calientes elecciones en River Plate. Tuvieron suerte. Tamañas acusaciones y groserías de personajes tan públicos casi no aparecieron en los diarios porteños.
En cambio, las críticas a los groseros insultos de Diego Maradona en Montevideo desbordaron las páginas de los medios. La prensa se sintió ofendida y concedió enorme espacio a su ofensa. Comentaristas deportivos, políticos y hasta faranduleros. Todos contra Maradona. Y contra sus modales de divo "villero" que se oponen a los de personajes "que jamás dirían chupámela en público, aunque nos lo hagan hacer todos los días", como me dice alguien cercano al entrenador. "La indignación pequeñoburguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante", la describió Alejandro Dolina en su programa de radio. Dolina apuntó especialmente "al grueso de la TV y de la radio", a la que "no le interesan el pensamiento ni la inteligencia", pero sí "la basura, lo soez, lo bizarro, lo indigno, lo que vende, aunque sea mierda. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Y es un asco. Por burgués, por rastrero, por hipócrita, por falso". ¿Preocupación por las repercusiones internacionales de los exabruptos de Maradona? ¿Ante quiénes hay que quedar bien?, se preguntó Dolina. "¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos, como el de Washington? ¿Ante gobiernos que tienen la capacidad nuclear de aniquilar el mundo unas 600 veces y que no paran de contaminar el planeta? ¿Dónde esta la Fiscalía del universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad?"
Maradona, que muchas veces fue victimario, ahora se siente víctima. Siempre fue sobreprotegido en las páginas deportivas. A su ego, enorme, le cuesta ahora asumir que, como DT, tuvo demasiados errores y pocos aciertos. Pero siente que no le perdonan haber asistido al anuncio de la televisación del fútbol a través de la TV pública. El "pecado" de haber posado con la presidenta de la Nación, aunque allí estuviera su empleador, Julio Grondona, presidente de la AFA. Maradona, el eterno inclasificable, está también bajo la mira de la FIFA. En su polémica entrevista con C5N, Avila dijo que Grondona es "compañero de vida y de ruta" de Joseph Blatter y que el presidente de la FIFA "debe haber consensuado con Julio" la decisión de enviar los insultos de Maradona a la Comisión de Disciplina de la máxima entidad del fútbol mundial. Que sea la FIFA, ya que aquí nadie se atreve, la que le advierta a Maradona que todo tiene un límite, también él. El presidente de la Comisión de Disciplina de la FIFA es Marcel Mathier, ex compañero de fútbol de Blatter y su abogado, incluso en algún acuerdo prematrimonial. Mathier absolvió hace un tiempo a Jack Warner, vicepresidente de la FIFA, de un expediente que se le había iniciado por revender paquetes turísticos al Mundial 2006. La reventa la hizo su hijo Daryan, y Jack, que era el dueño de la agencia, no tenía por qué saberlo, argumentó Mathier. Warner, presidente de la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y Caribe (Concacaf) desde 1990, copió a Maradona cuando en 2006 escupió un "go fuck yourself" (andate al carajo) al periodista Andrew Jennings ante las cámaras de la BBC. La FIFA no le abrió causa. Blatter precisará otra vez de los 35 votos de la Concacaf, máxime después de que la semana pasada anunció que en 2011 se presentará a una nueva reelección para seguir hasta 2015 y completar 17 años como presidente de la FIFA.
Casi nadie sabe de qué modo controla Warner su región. Cuando algún país se rebela allí va su abogado John P. Collins, el mismo que lo defendió en la reventa de paquetes al Mundial, no obstante su condición de miembro de la Comisión de Asuntos Legales de la FIFA. En Grenada, una isla con apenas 90.000 habitantes, las nuevas autoridades de la Federación quisieron investigar al ex secretario general Victor Daniel, un aliado de Warner. Tras la visita de inspección de Collins, la FIFA denunció irregularidades en la Federación y exigió la salida del presidente Ashley Folkes. La FIFA suspendió también a la Federación de Antigua y Barbuda y excluyó a su selección del Preolímpico de 2004 porque investigaban a Chet Greene, otro protegido de Warner. Y lo mismo le sucedió a St Kitts cuando su presidente, Peter Jenkins, quiso postularse para ingresar al Comité Ejecutivo de la Concacaf en lugar del jamaiquino Horace Burrell (sí, otro aliado de Warner). Burrell se hizo conocido cuando su novia, Vincy Jalal, votó en un congreso de la FIFA de 1996 para cubrir la ausencia del haitiano Jean-Marie Kiss. Fue una "diputrucha" de Warner, a quien los jugadores de la selección de Trinidad y Tobago, avalados por un fallo judicial, todavía siguen reclamándole los premios del Mundial 2006. Mathier, el hombre que jamás sancionó a Warner, resolverá sobre Maradona "el tirón de orejas" que le indique su amigo Blatter. Lo mismo hará su segundo, el venezolano Rafael Esquivel, mucho más amigo de Blatter que de Grondona. Si la sanción fuera adversa, la FIFA tiene también una Comisión de Apelaciones. Su presidente es de Bermudas y los vices son de Madagascar e islas Salomón. Todos Blatter-boys.
La prensa deportiva cita en estos días como exitoso modelo de ex jugador hoy DT al brasileño Dunga. Gana y es más austero, dicen las crónicas, que acaso olvidan que hace un año el diario O Globo publicó un cajón fúnebre para referirse a su selección, mientras el presidente Lula da Silva criticaba a los suyos y elogiaba, en cambio, la entrega de los jugadores argentinos. Pocos recuerdan también al Dunga capitán de la selección que ganó el Mundial 94. Dunga levantó la Copa en el estadio Rose Bowl, de Pasadena, miró a los periodistas y apuntó: "Essa é para vocês, seus traíras, filhos da puta" ("Esta va para ustedes, manga de traidores hijos de puta"). Tampoco allí hubo sanción de la FIFA. La prensa, nacionalismos e intereses económicos al margen, no tiene como tarea ser hincha de su selección. Su trabajo es otro. Exabruptos como los de Dunga y Maradona, además de las obvias condenas, podrían tal vez servir para un ejercicio autocrítico. Pero eso, según parece ser, deben hacerlo otros. No la prensa, que en lugar de mirarse un poco más a sí misma siempre busca modelos. Más que Dunga, el contramodelo invocado hoy por varios de los más furiosos críticos de Maradona es Marcelo Bielsa, el mismo al que varios de ellos denostaban cuando dirigía a la selección argentina. Su hermano Rafael, ex canciller, se lo hizo recordar hace unos días: los calificó de "empresarios del periodismo", no periodistas. "Son individuos muy vinculados con intereses, con ventas de jugadores de fútbol, con negocios particulares, con la idea de recibir una primicia por parte del técnico." Ahora, agregó Rafael, valoran que Bielsa clasificó a Chile al Mundial, pero sin destacar que lo hizo "con armas nobles y no envenenando a un rival. Marcelo ?completó su hermano? no es técnico de la selección argentina entre otras razones por estos indeseables".

  • Dunga, el modelo que sugiere la prensa deportiva
    La prensa deportiva cita en estos días como exitoso modelo de ex jugador hoy DT al brasileño Dunga. Gana y es más austero, dicen las crónicas, que acaso olvidan que hace un año el diario O Globo publicó un cajón fúnebre para referirse a su selección, mientras el presidente Lula da Silva criticaba a los suyos y elogiaba, en cambio, la entrega de los jugadores argentinos.

HUGO AMAOLO ENVIA SIEMPRE

Ropa limpia, negocios sucios

Por Ezequiel Fernández Moores

El empresario lo acusó de haber sido "valijero de todos los políticos" y manejado dineros procedentes "del juego y la prostitución". Sospechó sobre cómo se adueñó de una vivienda que, supuestamente, pertenecía a "personas que desaparecieron". El senador no fue menos: lo trató de "degenerado" que "explotó" al fútbol, lo acusó de pedirle 3 millones de dólares para poder incluir su nombre en una lista electoral y le ventiló cuestiones ya más privadas, vinculadas con la prostitución y el alcoholismo. El empresario es Carlos Avila, el hombre que construyó un poderoso multimedio gracias a los dineros que ganó televisando el fútbol a través de Torneos y Competencias (TyC). Y Esteban Caselli, ex embajador argentino en el Vaticano, es el senador en Italia. Representa a los residentes italianos en América latina por el partido del premier Silvio Berlusconi. El cruce entre el empresario y el senador fue público. Ocurrió el jueves pasado en el canal C5N, en el marco de las calientes elecciones en River Plate. Tuvieron suerte. Tamañas acusaciones y groserías de personajes tan públicos casi no aparecieron en los diarios porteños.
En cambio, las críticas a los groseros insultos de Diego Maradona en Montevideo desbordaron las páginas de los medios. La prensa se sintió ofendida y concedió enorme espacio a su ofensa. Comentaristas deportivos, políticos y hasta faranduleros. Todos contra Maradona. Y contra sus modales de divo "villero" que se oponen a los de personajes "que jamás dirían chupámela en público, aunque nos lo hagan hacer todos los días", como me dice alguien cercano al entrenador. "La indignación pequeñoburguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante", la describió Alejandro Dolina en su programa de radio. Dolina apuntó especialmente "al grueso de la TV y de la radio", a la que "no le interesan el pensamiento ni la inteligencia", pero sí "la basura, lo soez, lo bizarro, lo indigno, lo que vende, aunque sea mierda. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Y es un asco. Por burgués, por rastrero, por hipócrita, por falso". ¿Preocupación por las repercusiones internacionales de los exabruptos de Maradona? ¿Ante quiénes hay que quedar bien?, se preguntó Dolina. "¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos, como el de Washington? ¿Ante gobiernos que tienen la capacidad nuclear de aniquilar el mundo unas 600 veces y que no paran de contaminar el planeta? ¿Dónde esta la Fiscalía del universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad?"
Maradona, que muchas veces fue victimario, ahora se siente víctima. Siempre fue sobreprotegido en las páginas deportivas. A su ego, enorme, le cuesta ahora asumir que, como DT, tuvo demasiados errores y pocos aciertos. Pero siente que no le perdonan haber asistido al anuncio de la televisación del fútbol a través de la TV pública. El "pecado" de haber posado con la presidenta de la Nación, aunque allí estuviera su empleador, Julio Grondona, presidente de la AFA. Maradona, el eterno inclasificable, está también bajo la mira de la FIFA. En su polémica entrevista con C5N, Avila dijo que Grondona es "compañero de vida y de ruta" de Joseph Blatter y que el presidente de la FIFA "debe haber consensuado con Julio" la decisión de enviar los insultos de Maradona a la Comisión de Disciplina de la máxima entidad del fútbol mundial. Que sea la FIFA, ya que aquí nadie se atreve, la que le advierta a Maradona que todo tiene un límite, también él. El presidente de la Comisión de Disciplina de la FIFA es Marcel Mathier, ex compañero de fútbol de Blatter y su abogado, incluso en algún acuerdo prematrimonial. Mathier absolvió hace un tiempo a Jack Warner, vicepresidente de la FIFA, de un expediente que se le había iniciado por revender paquetes turísticos al Mundial 2006. La reventa la hizo su hijo Daryan, y Jack, que era el dueño de la agencia, no tenía por qué saberlo, argumentó Mathier. Warner, presidente de la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y Caribe (Concacaf) desde 1990, copió a Maradona cuando en 2006 escupió un "go fuck yourself" (andate al carajo) al periodista Andrew Jennings ante las cámaras de la BBC. La FIFA no le abrió causa. Blatter precisará otra vez de los 35 votos de la Concacaf, máxime después de que la semana pasada anunció que en 2011 se presentará a una nueva reelección para seguir hasta 2015 y completar 17 años como presidente de la FIFA.
Casi nadie sabe de qué modo controla Warner su región. Cuando algún país se rebela allí va su abogado John P. Collins, el mismo que lo defendió en la reventa de paquetes al Mundial, no obstante su condición de miembro de la Comisión de Asuntos Legales de la FIFA. En Grenada, una isla con apenas 90.000 habitantes, las nuevas autoridades de la Federación quisieron investigar al ex secretario general Victor Daniel, un aliado de Warner. Tras la visita de inspección de Collins, la FIFA denunció irregularidades en la Federación y exigió la salida del presidente Ashley Folkes. La FIFA suspendió también a la Federación de Antigua y Barbuda y excluyó a su selección del Preolímpico de 2004 porque investigaban a Chet Greene, otro protegido de Warner. Y lo mismo le sucedió a St Kitts cuando su presidente, Peter Jenkins, quiso postularse para ingresar al Comité Ejecutivo de la Concacaf en lugar del jamaiquino Horace Burrell (sí, otro aliado de Warner). Burrell se hizo conocido cuando su novia, Vincy Jalal, votó en un congreso de la FIFA de 1996 para cubrir la ausencia del haitiano Jean-Marie Kiss. Fue una "diputrucha" de Warner, a quien los jugadores de la selección de Trinidad y Tobago, avalados por un fallo judicial, todavía siguen reclamándole los premios del Mundial 2006. Mathier, el hombre que jamás sancionó a Warner, resolverá sobre Maradona "el tirón de orejas" que le indique su amigo Blatter. Lo mismo hará su segundo, el venezolano Rafael Esquivel, mucho más amigo de Blatter que de Grondona. Si la sanción fuera adversa, la FIFA tiene también una Comisión de Apelaciones. Su presidente es de Bermudas y los vices son de Madagascar e islas Salomón. Todos Blatter-boys.
La prensa deportiva cita en estos días como exitoso modelo de ex jugador hoy DT al brasileño Dunga. Gana y es más austero, dicen las crónicas, que acaso olvidan que hace un año el diario O Globo publicó un cajón fúnebre para referirse a su selección, mientras el presidente Lula da Silva criticaba a los suyos y elogiaba, en cambio, la entrega de los jugadores argentinos. Pocos recuerdan también al Dunga capitán de la selección que ganó el Mundial 94. Dunga levantó la Copa en el estadio Rose Bowl, de Pasadena, miró a los periodistas y apuntó: "Essa é para vocês, seus traíras, filhos da puta" ("Esta va para ustedes, manga de traidores hijos de puta"). Tampoco allí hubo sanción de la FIFA. La prensa, nacionalismos e intereses económicos al margen, no tiene como tarea ser hincha de su selección. Su trabajo es otro. Exabruptos como los de Dunga y Maradona, además de las obvias condenas, podrían tal vez servir para un ejercicio autocrítico. Pero eso, según parece ser, deben hacerlo otros. No la prensa, que en lugar de mirarse un poco más a sí misma siempre busca modelos. Más que Dunga, el contramodelo invocado hoy por varios de los más furiosos críticos de Maradona es Marcelo Bielsa, el mismo al que varios de ellos denostaban cuando dirigía a la selección argentina. Su hermano Rafael, ex canciller, se lo hizo recordar hace unos días: los calificó de "empresarios del periodismo", no periodistas. "Son individuos muy vinculados con intereses, con ventas de jugadores de fútbol, con negocios particulares, con la idea de recibir una primicia por parte del técnico." Ahora, agregó Rafael, valoran que Bielsa clasificó a Chile al Mundial, pero sin destacar que lo hizo "con armas nobles y no envenenando a un rival. Marcelo ?completó su hermano? no es técnico de la selección argentina entre otras razones por estos indeseables".

  • Dunga, el modelo que sugiere la prensa deportiva
    La prensa deportiva cita en estos días como exitoso modelo de ex jugador hoy DT al brasileño Dunga. Gana y es más austero, dicen las crónicas, que acaso olvidan que hace un año el diario O Globo publicó un cajón fúnebre para referirse a su selección, mientras el presidente Lula da Silva criticaba a los suyos y elogiaba, en cambio, la entrega de los jugadores argentinos.

martes 3 de noviembre de 2009

HUGO AMAOLO NOS NUTRE DE BUENA LECTURA

Discépolo entendía bien ser argentino y futbolero

Ariel Ruya

Enrique Santos Discépolo, se sabe, tenía razón. También, en el fútbol, en el maravilloso juego de la pelota contaminado de vicios propios de nuestra sociedad. Mentiras, traiciones, equívocos, enredos, goles y, sobre todo, lamentos. Muchos lamentos. Se juega mal y se habla de conspiraciones. Se pierde y se habla de sospechas. Se falla y se habla de suspicacias. Es la única certeza que tienen los dirigentes, los entrenadores, los jugadores, luego de una desventura de fin de semana: señalar al otro. En particular, con los arbitrajes. Que son malos, a veces, muy malos. Aunque cuando están a las alturas del desafío, siempre hay un dedo acusador para limitar responsabilidades propias. Tal vez, siempre fue así. Pero en tiempos recientes, el fútbol argentino ?ese pintoresco reflejo tan nuestro, típico de una sociedad a la que le incomoda advertirse en el espejo? lagrimea, solloza como nunca. "El que no llora, no mama, y el que no afana es un gil." ¡Qué letra, qué tango!

Estas líneas, sin embargo, no van en dirección a la segunda parte de la frase, seguramente más dolorosa, más apremiante. La primera es la que aprisiona hoy al fútbol doméstico: se quejan todos, con razón o sin ella. Vélez, San Lorenzo, Newell?s, Rosario Central, Gimnasia LP, Tigre. Semanas, meses después de que otros fallos arbitrales los habrían beneficiado ?o se habrían equivocado, pero a diferencia de ahora, para su lado? se sienten con el derecho, con la obligación, con el deber ?sobre todo, frente a sus hinchas? de exponer esas miserias que casi nunca los alcanzan. Siempre la culpa es de los demás.
La razón, muchas veces, la brinda la errática realidad. El análisis es, como decía aquella exquisita y del mismo modo tortuosa canción: el que no llora no mama. Y en esa dirección van las quejas de hoy: con la convicción, al límite del absurdo, de que si ahora nos perjudicaron, nos quejamos y, en breve, la balanza estará de nuestro lado. Una creencia sorprendente. ¿O alguien cree que hay manos sospechosas en esta historia? ¿O realmente hay que golpear la puerta de la AFA para que un juez cobre ?o ignore? situaciones comprometidas del juego? Porque, de ser así, que el fútbol se acabe hoy mismo. Porque, de ser así, que el espectáculo baje el telón si el escenario está tan salpicado de supuestos.
En buena parte de América de Sur, los argentinos no tienen una imagen ideal. "Llorones", suelen decir, a modo de agresión. Basta darse una vuelta por otros rincones. Algo de eso hay hoy, ahora, en el fútbol doméstico. Suerte de cambalache sin final.