MEMORIA Y DEPORTE: GUYO SEMBER, EL PREMIO QUE PREMIA LA VIDA. ESCRIBE ARIEL SCHER
Alguna de las fuerzas brutas que lo secuestraron en el barrio porteño de Colegiales durante el 30 de mayo de 1976 habrá supuesto que esa vida dejaría de premiar a la vida convirtiendo a Guyo Sember en un desaparecido. Como en tantas cuestiones, las bestias erraron. Guyo Sember sigue siendo un premio.
En una experiencia comunicacional que certifica cuánto puede jugar un medio en favor de la construcción de la memoria y, en especial, en la construcción de la memoria a partir del argumento del deporte, la revista digital
www.efdeportes.com convocó este año, por segunda vez, a un premio al que, plena lucidez, llamó Guyo Sember. No consiste sólo en un tributo con la vista ubicada en el pasado para reconocer a un hombre de dignidades. Es más que eso. Se trata de una distinción con la mirada puesta en el futuro, ya que convoca a “la producción de ideas sobre inclusión social por medio del deporte” y reivindica el ejercicio del pensamiento crítico y reflexivo. La iniciativa tuvo excelente resonancia entre docentes, investigadores e historiadores de la educación física y el deporte en América Latina, que presentaron trabajos con perfiles y ejes diversos hasta modelar un homenaje altísimo: Guyo Sember expresa en la actualidad muchísimas cosas, pero acaso ninguna lo represente tanto como un proyecto que premia sentirse invitado a militar contra la desigualdad desde el deporte.
Convencido del valor de las búsquedas colectivas y conocedor de que ni el pasado ni el porvenir son una suma de ladrillos despegados, Guyo Sember valoraría que el premio que premia su vida no anda suelto. Al contrario, forma parte de la tarea creciente que se viene haciendo en la Argentina para revisar los lazos entre la última dictadura militar y el deporte y, particularmente, para recuperar las historias y las esperanzas de los deportistas que desparecieron en los días del mayor horror. En ese sentido, el premio Guyo Sember es pariente, es amigo y es compañero de cada una de las formas que adopta La Carrera de Miguel, a través de las que miles de personas avanzan por las calles llevando en el corazón y en los pies a los desaparecidos argentinos. Miguel Sánchez, tucumano, atleta, empleado bancario, poeta, militante, fue atrapado en su casa de Villa España, en el partido bonaerense de Berazategui, el 8 de enero de 1978, una semana después de intervenir en la mítica corrida de San Silvestre, en Brasil. Sacada de las memorias públicas durante dos décadas, su figura fue rescatada y hoy hay pruebas con su nombre en Buenos Aires, Roma, Barcelona, Bariloche, Tucumán, Berazategui y muchas otras ciudades que se van añadiendo año tras año a un movimiento expansivo que corre, no olvida y no va a olvidar.
Otras vidas que premian la vida, vidas intensas en todo lo que puede ser intenso, vidas muy ligadas al deporte como la de Guyo Sember, aparecen en el libro “Deporte, desaparecidos y dictadura” (Ediciones Al Arco, 2006), en el que el periodista Gustavo Veiga recorrió las sonrisas y los desvelos de un grupo de jugadores de rugby del club La Plata, y del tenista Daniel Schapira, y del futbolista Carlos Rivada, todos desaparecidos. El libro de Veiga, conmovedor en cada renglón, resume una labor y, a la vez, revela un vacío. No hay azares: durante mucho tiempo, ya fuera de la dictadura, poco o nada es lo que se dijo y se publicó sobre los deportistas desaparecidos, como si las crónicas deportivas no debieran salir de ciertas fronteras temáticas. No hay azares tampoco: en la medida en que esos silencios se fueron quebrando y en la medida, también, en que más periodistas percibieron que ese era un tema propio y decisivo, las historias de más deportistas desaparecidos –historias que estaban casi a mano, pero no encontraban fácilmente manos para ser contadas- salieron a la luz.
Hay una plaza en Santa Fe que lleva el nombre del ajedrecista Gustavo Bruzzone, capturado en Rosario; hay una pileta en Mendoza que honra a la nadadora Gisela Tenembaum, secuestrada en esa ciudad. Hay trabajos pendientes, hay reconocimientos necesarios que están hechos y otros que no, hay investigaciones imprescindibles que esperan quien las lleve adelante, hay una comprensión expandida pero no suficiente de que contar a los deportistas desaparecidos en la Argentina es contar al deporte y es contar a la Argentina. Y hay un premio, el premio Guyo Sember, que premia las luchas y las preocupaciones, los alumbramientos y los desafíos, lo mejor del acto de jugar y lo más hondo de la condición humana, el deporte y todo lo demás. Está claro, nuevamente claro, por qué ese premio es un premio a la vida.
Por Ariel Scher
Fuente: Observatorios de Medios de la UTPBA