Hace un tiempo se emitió en los canales de televisión una campaña publicitaria en la que transmitían un mensaje: si va manejando y se le cruza una pelota, frene; detrás viene un chico. Algo similar sucede en los clubes de barrio cuando sus dirigentes van a golpear las puertas de sus anunciantes para cobrarles la cuota mensual: detrás de ese billete hay cientos de chicos que buscan contención social.
En muchos casos, el Estado está ausente. Una de dos: o no ven la realidad, o no quieren verla. Toman esto como un gasto y no como una inversión.
A diferencia de esto, el martes 13 al participar de la firma de un convenio para el techado del Velódromo de Mar del Plata, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, destacó la importancia del deporte en las políticas de inclusión social y de generación de empleo y aseguró que la infraestructura deportiva “es la mejor inversión a presente y futuro”.“La actividad deportiva también es generadora de puestos de trabajo, promotora del turismo y de los mejores valores para la juventud”, afirmó Scioli. Al parecer, como surgió del riñón deportivo, Scioli conoce algo la situación de los clubes.
El caso del Club Social y Deportivo Central Ballester, que actualmente participa de los torneos de la AFA en la Primera D, es emblemático. A principios del 2008 la dirigencia tomó la decisión de formar sus divisiones inferiores. A las pocas semanas, más de doscientos chicos entrenaban con un único sueño: llegar la primera división.Pero este sueño va más allá de ser alguien dentro del fútbol. Todos los clubes de barrio realizan una tara de contención social muy importante según su zona de influencia, que no es “remunerada” como debería ser.
Los subsidios que entregan los municipios, la Provincia o la Nación muchas veces no alcanzan para solventar los gastos. Retomando el ejemplo de Central Ballester, el club de José León Suárez (partido de Gral. San Martín), al no tener un predio propio, debe alquilar las instalaciones de un colegio para que los chicos entrenen. Al no poder cubrir ese gasto, muchas veces, los jóvenes junto a sus directores técnicos deben ir a practicar a un terreno deshabitado.
Esta semana hubo una nueva convocatoria y en la primera cita se hicieron presentes más de cien pibes, de entre 13 y 18 años.
Si las autoridades tomaran nota de lo que acontece en los clubes, deberían invertir más en las instituciones, porque esta contención social aleja a los chicos de las drogas, el alcohol o la delincuencia.
Los funcionarios de turno deben tomar conciencia y trabajar codo a codo con las comisiones directivas de los clubes. El deporte es la herramienta a través de la cual se forman muchos de los hombres del mañana.
Leonardo Mazza - Periodista